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Ermita vieja o de Santa María de la Estrella

Ermita vieja o de Santa María de la Estrella

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Embalse de, 16114 Alarcón, Cuenca, España
Capilla Iglesia
8.6 (17 reseñas)

La Ermita vieja o de Santa María de la Estrella representa uno de los vestigios más singulares de la provincia de Cuenca, vinculada estrechamente a la historia del municipio de Buenache de Alarcón y a la transformación del paisaje por la mano del hombre. Este templo, que hoy yace bajo las aguas del Embalse de Alarcón la mayor parte del año, es un punto de referencia espiritual y nostálgico que desafía la lógica de las Iglesias y Horarios de Misas convencionales. Su existencia no se mide por la apertura de sus puertas, sino por el nivel del agua y el calendario de tradiciones que los habitantes de la zona mantienen vivo con fervor.

Ubicada originalmente en la ribera del río Júcar, esta edificación fue documentada en el siglo XIX, apareciendo citada en el Diccionario Geográfico de 1846 como un lugar de culto dedicado a Santa María de la Estrella. En aquel entonces, la ermita no era un misterio sumergido, sino un centro de reunión para los fieles que aprovechaban la cercanía del río para sus actividades cotidianas y religiosas. La construcción del embalse, cuyas obras se prolongaron durante décadas a mediados del siglo XX, cambió para siempre el destino de este patrimonio. Al inundarse el valle, la estructura quedó atrapada en el fondo, convirtiéndose en una ruina que solo se deja ver cuando la sequía o la gestión hidrológica reducen el volumen del pantano.

El fenómeno de la visibilidad y el acceso al recinto

Para quienes buscan visitar este lugar, es fundamental entender que no se trata de un edificio al que se pueda entrar en cualquier momento. La visibilidad de la Ermita vieja o de Santa María de la Estrella depende enteramente del nivel del embalse. En épocas de abundancia de agua, es posible que el visitante solo encuentre una superficie líquida uniforme, sin rastro alguno de la construcción. Sin embargo, cuando el nivel baja lo suficiente, emergen primero las partes más altas de los muros y la espadaña, creando una estampa casi fantasmal que atrae a fotógrafos y curiosos por igual. Esta intermitencia hace que sea imposible establecer Horarios de Misas regulares en el sitio exacto de la ruina, trasladándose la actividad litúrgica a otras Iglesias de la localidad.

El acceso al lugar presenta desafíos importantes que deben ser considerados por cualquier potencial visitante. No existe una carretera asfaltada que lleve directamente a los restos de la ermita; el camino es de tierra y, dependiendo de las lluvias recientes, puede volverse extremadamente difícil para vehículos que no sean todoterreno. Muchos usuarios han reportado que es fácil perderse o encontrar el paso bloqueado por el barro. Además, una vez que se llega a la orilla, si el agua ha retrocedido recientemente, el suelo suele ser una capa de lodo denso y resbaladizo que dificulta caminar hasta los muros de piedra. Esta falta de infraestructura es, paradójicamente, lo que permite que el sitio conserve una atmósfera de paz absoluta, lejos del ruido comercial.

La Romería de la Virgen de la Estrella: El corazón de la tradición

A pesar de su estado ruinoso y su ubicación subacuática, la Ermita vieja sigue siendo el epicentro de una de las festividades más importantes de la comarca: la Romería de la Virgen de la Estrella. Cada año, a mediados de mayo, los vecinos de Buenache de Alarcón organizan una procesión que parte desde la Iglesia de San Pedro Apóstol en el núcleo urbano hasta este punto de la ribera. En 2024 se celebra el trigésimo aniversario de la recuperación de esta romería en su formato actual, un hito que marca la resiliencia de una comunidad que se niega a olvidar sus raíces a pesar de las inundaciones.

Durante esta jornada, el entorno de la ermita vieja se transforma. Aunque la imagen original de la Virgen se custodia en una nueva ermita construida en una zona segura y elevada, el acto de regresar al sitio original tiene un peso simbólico incalculable. Se organizan comidas campestres, hogueras para asar carne y celebraciones que devuelven la vida a un paraje que el resto del año pertenece al silencio y al agua. Es el único momento del año donde se puede decir que el espíritu de las Iglesias y Horarios de Misas se traslada físicamente a este rincón del embalse, aunque sea de forma temporal y al aire libre.

Lo positivo y lo negativo de visitar la Ermita vieja

Desde el punto de vista del visitante o del devoto, hay aspectos muy claros que definen la experiencia en este comercio o sitio de interés. Entre los puntos positivos, destaca la desconexión total. Es un lugar donde el tiempo parece haberse detenido y donde la naturaleza reclama lo que una vez fue suyo. La belleza del paisaje, especialmente durante el atardecer cuando el sol se refleja en las aguas del Júcar y las ruinas proyectan largas sombras, es incomparable. Es un destino ideal para quienes buscan un turismo espiritual o histórico que se aleje de los circuitos masificados.

En el lado negativo, la incertidumbre es el mayor obstáculo. Un viaje planificado para ver la ermita puede terminar en decepción si el nivel del agua ha subido repentinamente. La falta de señalización adecuada y el estado de los caminos rurales pueden suponer un riesgo para vehículos bajos. No hay servicios básicos cerca, como agua potable o zonas de sombra artificial, por lo que el visitante debe ir totalmente provisto de lo necesario para su estancia. Además, el estado de conservación de las ruinas es precario; el agua y el tiempo han erosionado las piedras, y existe un riesgo real de desprendimientos, por lo que se recomienda observar con precaución y no intentar escalar las estructuras.

La importancia histórica y el legado de Santa María de la Estrella

La historia de este lugar no es solo la de un edificio, sino la de una identidad local. La Ermita vieja o de Santa María de la Estrella era el centro de la vida social de la Ribera antes de que el progreso industrial exigiera el sacrificio de estas tierras para la creación del embalse. El hecho de que todavía se realicen investigaciones o recreaciones tridimensionales de su aspecto original demuestra que el interés por este patrimonio sigue vigente. Jesús Coronada, un investigador local, ha trabajado en reconstrucciones que permiten a las nuevas generaciones entender cómo era este templo antes de quedar sumergido.

Para quienes consultan habitualmente listados de Iglesias y Horarios de Misas en Cuenca, la Ermita de la Estrella ofrece una lección sobre la permanencia de la fe por encima de la arquitectura. Aunque el edificio físico esté en ruinas, la devoción a la Virgen de la Estrella ha sabido adaptarse, construyendo nuevos espacios pero manteniendo el vínculo con el origen. La ermita nueva, situada en un lugar más accesible, cumple con la función litúrgica diaria, pero es la vieja la que guarda el misticismo y la memoria colectiva del pueblo.

Recomendaciones para una visita responsable

Si decide acercarse a este punto del Embalse de Alarcón, es vital hacerlo con un profundo respeto por el entorno. Al ser una zona que queda bajo el agua, cualquier residuo que se deje allí terminará contaminando el embalse cuando el nivel suba. Es una zona de gran valor ecológico donde es posible observar fauna local, por lo que el silencio y la limpieza son obligatorios. Las mejores fechas para intentar el avistamiento suelen ser el final del verano y el otoño, cuando las reservas de agua suelen estar en sus niveles mínimos, aunque esto varía según la meteorología del año.

  • Consulte siempre el nivel del Embalse de Alarcón en las webs de la Confederación Hidrográfica antes de salir.
  • Utilice calzado que se pueda manchar y que tenga buen agarre para evitar caídas en el lodo.
  • Si viaja en grupo para la romería de mayo, asegúrese de seguir las indicaciones de los organizadores de Buenache para no dañar el terreno.
  • No espere encontrar una estructura techada; lo que queda son muros perimetrales que dan fe de la planta original del templo.

la Ermita vieja o de Santa María de la Estrella es mucho más que una ruina sumergida. Es un testimonio mudo de la historia de Cuenca, un desafío para los sentidos y un recordatorio de que, a veces, los lugares más sagrados no son los que tienen las puertas abiertas las 24 horas, sino aquellos que solo se entregan a quienes saben esperar el momento justo para verlos emerger de las profundidades.

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