Santuario de Santa Marta de Ribarteme
AtrásEl Santuario de Santa Marta de Ribarteme, situado en la parroquia de San Xosé de Ribarteme, en As Neves (Pontevedra), es mucho más que un simple templo rural. Se trata de un epicentro de devoción y, en los últimos años, de una intensa controversia que ha captado la atención nacional e internacional. Este lugar es conocido fundamentalmente por albergar una de las tradiciones religiosas más singulares y discutidas de España: la Romería de Santa Marta de Ribarteme, popularmente llamada la procesión de los ataúdes.
Arquitectónicamente, el santuario actual data de 1805, aunque las referencias escritas sobre la devoción en este lugar se remontan al menos al año 1700. Es una construcción de piedra, sencilla y robusta, enclavada en un entorno rural gallego que muchos visitantes describen como maravilloso y lleno de paz. El acceso al templo está adaptado para personas con movilidad reducida, lo que garantiza que todos los fieles puedan acercarse. Sin embargo, el principal atractivo que convoca a miles de personas cada 29 de julio no es el edificio en sí, sino el rito que se celebra en su honor.
La Tradición: Entre la Fe Extrema y el Espectáculo
La famosa procesión de los ataúdes es un acto de fe profundamente arraigado. Los "ofrecidos" son personas que, habiendo superado una enfermedad grave o una situación cercana a la muerte, agradecen la intercesión de Santa Marta (hermana de Lázaro y patrona de los resucitados) cumpliendo la promesa de procesionar dentro de un féretro abierto. Familiares y amigos portan los ataúdes en un recorrido que tradicionalmente va desde la iglesia hacia el cementerio y de vuelta, simbolizando el viaje de ida y vuelta de la muerte. Acompañados por cánticos como "Virxe Santa Marta, estrela do Norte, traemos-che os que viron a morte", este ritual conforma una estampa impactante que mezcla lo solemne, lo macabro y lo devocional. Esta particularidad llevó al periódico The Guardian a calificarla como una de las festividades más raras del mundo, atrayendo a curiosos, antropólogos y medios de comunicación de todas partes.
Otras formas de devoción
No todos los penitentes optan por el ataúd. Existen otras formas de mostrar agradecimiento y sacrificio durante la romería:
- "As mortallas": Devotos que recorren la procesión ataviados con sudarios o mortajas, portando velas, a menudo descalzos o incluso de rodillas.
- Ofrendas y cánticos: Los "romeros cantores" entonan plegarias en un estilo juglaresco, y es común que los devotos realicen donativos para tener el honor de portar la imagen de la santa durante un tramo del recorrido.
El Punto de Quiebre: La Controversia Actual
El aspecto más negativo y conflictivo que rodea actualmente al santuario es la prohibición de la procesión de los ataúdes por parte del párroco, Francisco Javier de Ramiro Crespo, con el respaldo de la Diócesis de Tui-Vigo. Desde su llegada a la parroquia, el sacerdote ha calificado la tradición de "superstición", "brujería" y "folklore" pagano, ajeno a la verdadera fe católica que él busca promover. Su postura es firme: "Allí se hace lo que yo digo", declaró, afirmando que su misión es evangelizar y no mantener "tonterías".
Esta decisión ha dividido profundamente a la comunidad. Por un lado, algunos feligreses, como se refleja en opiniones de visitantes, apoyan al cura, considerando que ha sido valiente al poner fin a una práctica que tildan de herejía y blasfemia, alejada de las enseñanzas de la Iglesia. Creen que el foco debe estar en la gloria a Dios y no en rituales que consideran morbosos.
Por otro lado, una gran parte de los devotos y vecinos, incluido el alcalde de As Neves, Xosé Manuel Rodríguez, lamentan la decisión "unilateral" del párroco. Para ellos, la procesión es una manifestación de fe centenaria, una tradición cultural y un importante atractivo que da vida a la comarca. Algunos, con gran descontento, han llegado a acusar al sacerdote de tener motivaciones ajenas a la fe, mientras que la tensión ha escalado hasta requerir la presencia de la Guardia Civil en la celebración. En años recientes, la prohibición ha llevado a los devotos a organizar procesiones "rebeldes" con ataúdes fuera del recorrido oficial de la iglesia, en un claro desafío a la autoridad eclesiástica.
¿Qué esperar si visitas el Santuario?
Para el potencial visitante, esta situación genera incertidumbre. Quien acuda el 29 de julio buscando la icónica imagen de los ataúdes en la procesión oficial, probablemente se sentirá decepcionado, ya que la tradición, tal como se conocía, ha sido suspendida. La fiesta religiosa continúa, pero despojada de su elemento más distintivo. Aun así, el santuario sigue siendo un lugar de gran fervor, y la romería atrae a multitudes para las misas y para disfrutar del ambiente festivo con puestos de comida típica como el "pulpo á feira".
Iglesias y Horarios de Misas
Para aquellos interesados en los servicios religiosos fuera de la festividad principal, la información sobre el horario de misas regulares puede ser difícil de encontrar online. La Asociación de Patronos de Santa Marta de Ribarteme indica que los domingos y festivos hay misa parroquial a las 19:00 horas. Durante la novena de la fiesta, del 20 al 28 de julio, suelen celebrarse misas diarias. El día grande, el 29 de julio, se ofician misas cada hora desde la mañana, siendo la de las 12:00 la solemne, seguida de la procesión. Dada la variabilidad, es muy recomendable contactar directamente con la parroquia a través del teléfono 621 50 97 71 para confirmar el horario de misas de la iglesia antes de planificar la visita.
Valoración Final: Un Lugar de Fe en una Encrucijada
El Santuario de Santa Marta de Ribarteme es un lugar complejo. Por un lado, ofrece una conexión con una tradición ancestral única y una devoción popular palpable, enmarcada en un bello paraje rural. Es un testimonio vivo de la relación del pueblo gallego con la vida y la muerte.
Por otro lado, la prohibición de su rito más famoso ha generado un clima de conflicto que empaña la experiencia. La lucha entre la ortodoxia eclesiástica y la piedad popular es el centro del debate, dejando a los visitantes en medio de una tradición en plena y dolorosa transformación. Visitarlo es, por tanto, asomarse no solo a un acto de fe, sino también a una fractura cultural y religiosa que definirá el futuro de esta emblemática celebración.