Parroquia de San Vicente de la Maza
AtrásLa Parroquia de San Vicente de la Maza, ubicada en Rioseco, en el corazón del valle de Guriezo, es una construcción que genera impresiones profundas y a menudo contradictorias. Declarada Bien de Interés Local el 27 de diciembre de 2004, esta iglesia no es un simple lugar de culto, sino un testimonio monumental de la historia y la arquitectura renacentista de Cantabria. Quienes se acercan a ella se encuentran con una edificación de proporciones casi catedralicias, cuya grandiosidad parece desentonar con la escala de su entorno rural, generando sorpresa y admiración a partes iguales.
El edificio representa una de las cumbres del estilo renacentista en la región, un claro ejemplo de las llamadas "iglesias de salón" o columnarias, populares a mediados del siglo XVI en el norte de España. Su construcción fue un proceso largo y complejo que se extendió desde mediados del siglo XVI hasta finales del XVII, con añadidos significativos como el pórtico, que no llegaría hasta el primer tercio del siglo XVIII. Esta prolongada edificación explica la convivencia de varios estilos, aunque el renacentista es el predominante. Se atribuyen sus trazas originales al maestro cantero Juan de Rasines, lo que subraya su importancia arquitectónica desde su concepción.
Una Arquitectura Sobresaliente
El interior de la iglesia justifica su fama. La planta, de forma cuadrada, se divide en tres naves de igual altura, una característica definitoria de las iglesias de salón que crea un espacio interior amplio y unificado. Estas naves están cubiertas por complejas bóvedas de crucería estrellada, siendo la de la nave central especialmente elaborada y un punto focal de admiración. El peso de estas magníficas bóvedas descansa sobre seis robustos pilares circulares de fuste liso, elevados sobre podios y rematados con capiteles de molduras clasicistas, que aportan una elegancia sobria y potente al conjunto.
Uno de los elementos más destacados es su presbiterio de forma ochavada y el retablo mayor que alberga. Este retablo es considerado una obra maestra del barroco cántabro, realizado en dos fases distintas a lo largo de más de un siglo. La primera fase, iniciada en 1614 por escultores de la talla de García de Arredondo y Diego de Lombera, muestra una clara influencia renacentista. La segunda fase, completada en el siglo XVIII por Gabriel de la Cueva y Tomás de Gargollo, añadió elementos barrocos que, sorprendentemente, se integran con armonía en el conjunto preexistente. Además de este, la iglesia cuenta con otros retablos de gran valor artístico fechados a mediados del siglo XVIII.
El exterior no se queda atrás. La torre, edificada hacia 1690, se alza con robustez, pero es la portada monumental, concebida como un retablo de piedra, la que captura la atención. Su estilo barroco, con reminiscencias clasicistas, crea una entrada imponente. El amplio pórtico que rodea la iglesia en sus lados sureste y suroeste, obra del siglo XVIII, invita a la contemplación del edificio desde diferentes perspectivas y añade un espacio de transición entre el exterior y el sagrado interior.
El Contraste: Belleza Monumental y Entorno Descuidado
A pesar de la indiscutible magnificencia del templo, el aspecto que más se reitera entre quienes lo visitan es el estado de su entorno inmediato. La iglesia se asienta sobre un promontorio, rodeada de un encinar centenario que debería realzar su belleza, pero que es percibido por muchos como abandonado y lleno de maleza. Este contraste entre la cuidada arquitectura y la dejadez de los jardines y el bosque circundante genera una sensación agridulce. Algunos visitantes sienten que este abandono le resta parte de su esplendor, mientras que otros encuentran en esta dicotomía un encanto particular, una atmósfera de misterio y melancolía que dota al lugar de un carácter único y profundo.
Esta percepción de descuido lleva a algunos a sentir tristeza, como si la joya del valle de Guriezo no recibiera el aprecio que merece. Sin embargo, es precisamente esta imperfección la que parece potenciar su aura mística. Elementos como las cruces dispuestas en el exterior o la imponente silueta del edificio emergiendo del antiguo bosque contribuyen a una experiencia que va más allá de la simple visita turística, convirtiéndola en un momento de reflexión sobre el paso del tiempo, la belleza y la decadencia.
Información para feligreses y visitantes
Para aquellos interesados en la vida parroquial o en asistir a los servicios religiosos, encontrar información precisa sobre los horarios de misas puede ser un desafío. La Parroquia de San Vicente de la Maza, al igual que muchas iglesias históricas en zonas rurales, puede tener horarios variables. Se recomienda encarecidamente a los feligreses que busquen la misa de hoy o la misa dominical, que intenten contactar con la diócesis o buscar avisos locales para confirmar los horarios, ya que no suelen estar disponibles de forma permanente en línea. Es un punto de referencia para quienes buscan Iglesias y Horarios de Misas en la comarca, pero requiere una planificación previa.
Más allá de su función religiosa, la iglesia es un destino fundamental para aficionados a la historia, el arte y la arquitectura. Su valor como Bien de Interés Local la sitúa en el mapa de los monumentos imprescindibles de Cantabria. Para los peregrinos que recorren las rutas cercanas del Camino de Santiago, desviarse para contemplarla puede ofrecer un momento de gran recompensa espiritual y estética. Aunque su estado de conservación exterior pueda ser un punto negativo para algunos, la estructura principal se mantiene en buen estado, permitiendo apreciar la genialidad de sus constructores y la ambición de un proyecto que ha perdurado a través de los siglos.