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Parroquia de la Natividad de Nuestra Señora de Turís

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Pl. Constitución, 1, 46389 Turís, Valencia, España
Iglesia Parroquia
9 (72 reseñas)

Situada en la Plaza de la Constitución de la localidad valenciana de Turís, la Parroquia de la Natividad de Nuestra Señora se erige como un monumento fundamental para comprender la transición arquitectónica del barroco al neoclasicismo en la región. Este imponente edificio no es solo un centro de culto activo, sino un testimonio de piedra que narra más de dos siglos de historia, conflictos, restauraciones y debates arquitectónicos que siguen vigentes hoy en día. Para los visitantes interesados en el patrimonio religioso y el arte sacro, este templo ofrece una lectura compleja donde la excelencia académica del siglo XVIII se cruza con las intervenciones contemporáneas, generando un espacio de contrastes digno de un análisis detallado.

Un Hito del Academicismo Valenciano

La construcción del templo se acordó en 1767 y se llevó a cabo con una rapidez inusitada para la época, siendo bendecida apenas una década después, en 1777, por el arzobispo Fabián y Fuero. La autoría del proyecto recae en Antonio Gilabert Fornés, una figura clave en la historia del arte valenciano. Gilabert, quien llegaría a ser Director General de la Real Academia de Bellas Artes de San Carlos, es conocido por liderar la reforma neoclásica de la Catedral de Valencia. En la Parroquia de la Natividad, el arquitecto plasmó los ideales del academicismo, buscando la pureza de líneas y la monumentalidad sobria que caracterizaba el cambio de gusto de la época, alejándose de los excesos ornamentales del barroco pleno.

La financiación de una obra de tal envergadura fue posible gracias al mecenazgo del canónigo Demetrio Lores y Garasa, hijo de la localidad y confesor de la Reina, quien aportó una suma considerable de libras para su edificación. Asimismo, el Marqués de Bélgida contribuyó cediendo el terreno y costeando el altar mayor. Esta colaboración entre el poder eclesiástico, la nobleza y la academia dio como resultado un edificio de dimensiones catedralicias que domina el perfil urbano de Turís. Su planta y alzado reflejan la maestría de Gilabert, quien aplicó aquí las lecciones aprendidas de su maestro Vicente Tosca, combinando matemáticas y arquitectura para crear un espacio de proporciones armónicas y majestuosas.

La Historia Grabada en sus Muros

El devenir histórico de España ha dejado cicatrices profundas en la estructura y el patrimonio mueble de la parroquia. Durante la Guerra Civil, el templo sufrió graves daños que transformaron temporalmente su identidad y función. Los testimonios y registros históricos indican que el edificio fue despojado de sus elementos litúrgicos: las campanas fueron destruidas y la estatuaria original fue hecha añicos. El templo fue secularizado de facto y utilizado como "Casa del Pueblo", llegando a albergar un casino en su interior. Aún años después, antes de las restauraciones modernas, se podían vislumbrar inscripciones de aquella época en la fachada. Este periodo supuso la pérdida irreparable de las esculturas originales que adornaban el interior, un vacío que se intentó llenar en décadas posteriores.

La recuperación del templo ha sido un proceso largo. Mientras que la estructura arquitectónica resistió sin daños estructurales críticos, permitiendo su restauración, el ornato interior tuvo que ser repensado. En este contexto destaca la intervención de Ana Crespo, escultora local encargada de realizar las nuevas imágenes para la fachada. Si bien estas obras no guardan relación estilística directa con las originales perdidas, aportan una capa de historia local contemporánea al conjunto, embelleciendo el exterior con una factura digna que dialoga con la arquitectura de Gilabert.

La Polémica del Campanario: Un Final Diferido

Uno de los puntos más controvertidos y comentados por expertos y visitantes es la torre campanario. Originalmente, la torre quedó inconclusa en el siglo XVIII, permaneciendo desmochada durante más de doscientos años, una imagen que se convirtió en habitual para generaciones de turisanos. No fue hasta 1998 cuando se acometió la finalización de esta estructura, gracias a la financiación del constructor Juan Bautista Soler, también hijo del pueblo. Esta intervención permitió cerrar la silueta del edificio, pero no estuvo exenta de crítica.

La finalización del campanario no se realizó siguiendo los planos o trazas originales que Gilabert pudiera haber dejado o que el estilo requería estrictamente. Expertos y observadores agudos han calificado el remate como un "refrito" que, aunque cumple su función de completar el volumen del edificio, carece de la coherencia estilística y el rigor histórico que merece una obra de tal calibre. La torre actual presenta inscripciones que datan tanto el inicio de las obras en 1790 como su conclusión a finales del siglo XX, dedicadas a la memoria de familiares del mecenas. Para el visitante atento, observar la transición entre la base original y el remate moderno supone una lección sobre los criterios de restauración y completamiento de edificios históricos, y cómo las decisiones contemporáneas pueden alterar la lectura de un monumento del pasado.

Vida Cultural y Espiritual

Más allá de su arquitectura, la Parroquia de la Natividad de Nuestra Señora es un ente vivo. La comunidad destaca la labor de sus párrocos, quienes han sabido dinamizar la vida parroquial. Se menciona frecuentemente la organización de actividades culturales de alto nivel, como conciertos de agrupaciones corales y la interpretación de piezas sacras complejas, evidenciando una acústica y un espacio interior propicios para la solemnidad y el arte. La figura de sacerdotes jóvenes y atentos ha sido valorada positivamente por los feligreses, quienes aprecian la cercanía y la alegría en el servicio religioso, creando un ambiente acogedor tanto para el habitante local como para el visitante ocasional.

Aspectos Prácticos y Accesibilidad

Desde el punto de vista del usuario y la accesibilidad, existen detalles que, aunque menores, impactan en la experiencia diaria de los fieles. Se ha señalado en reseñas la disposición de ciertos elementos del mobiliario litúrgico, como grandes velones que dificultan el acceso a otras velas más pequeñas, un aspecto ergonómico que podría mejorarse para facilitar la devoción de personas de todas las estaturas o con movilidad reducida. La entrada, no obstante, es accesible para sillas de ruedas, lo cual es un punto positivo en un edificio de esta antigüedad.

Para aquellos que buscan información sobre Iglesias y Horarios de Misas, es crucial tener en cuenta que la parroquia no mantiene un horario de apertura continuo todos los días. Según la información vigente, el templo permanece cerrado los lunes y viernes. La actividad se concentra de martes a jueves y los sábados en horario de tarde, generalmente de 18:30 a 19:30 o 20:30, mientras que los domingos abre sus puertas por la mañana, de 08:30 a 13:00, para acoger las celebraciones dominicales. Es recomendable verificar estos tiempos antes de planificar una visita, especialmente si el objetivo es asistir a la liturgia o realizar un recorrido turístico detallado sin interrumpir el culto.

Resumen de Fortalezas y Debilidades

  • Lo Bueno: Arquitectura neoclásica de primer orden diseñada por Antonio Gilabert. Gran valor histórico y patrimonial. Interior de dimensiones impresionantes. Activa vida cultural y musical. Entorno restaurado y cuidado. Accesibilidad para sillas de ruedas en la entrada.
  • Lo Malo: La finalización del campanario en 1998 no respeta el rigor histórico ni el estilo original, generando una discrepancia estética. Pérdida del patrimonio escultórico original durante la guerra. Horarios de apertura limitados durante la semana (cerrado lunes y viernes). Detalles de accesibilidad interior mejorables en zonas de velas.

la Parroquia de la Natividad de Nuestra Señora de Turís es mucho más que una iglesia de pueblo; es un escenario donde la historia del arte valenciano se muestra con sus luces y sus sombras. Desde la genialidad de Gilabert hasta las controversias constructivas de finales del siglo XX, el edificio ofrece una narrativa rica y compleja. Visitarla es adentrarse en un espacio donde la fe, la cultura y la arquitectura han convivido, a veces en armonía y otras en conflicto, durante más de doscientos cincuenta años.

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