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Iglesia de Santa María de Llogrezana

Iglesia de Santa María de Llogrezana

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Barrio Posada, 1, 33438, Asturias, España
Iglesia Iglesia católica
8.8 (67 reseñas)

La Iglesia de Santa María de Llogrezana, también conocida como Santa María la Real, se presenta como un testimonio de resiliencia arquitectónica y espiritual en el concejo de Carreño, Asturias. No es un monumento prístino anclado en un único momento de la historia, sino un edificio con cicatrices, reconstrucciones y añadidos que narran una larga y, en ocasiones, turbulenta existencia. Para el visitante interesado en el románico asturiano, ofrece detalles de un valor incalculable, aunque la experiencia completa requiere cierta planificación y una mente abierta a las complejidades de su pasado.

Ubicada en el Barrio Posada, su acceso es uno de sus puntos fuertes. Los visitantes pueden llegar en coche prácticamente hasta la misma puerta y encontrar aparcamiento con facilidad, un detalle práctico que se agradece en un entorno rural. El emplazamiento en sí, a media ladera, regala unas vistas agradables y una atmósfera de tranquilidad que invita a la contemplación incluso antes de cruzar el umbral.

Una Historia de Supervivencia

Los orígenes del templo están envueltos en la bruma de la Alta Edad Media. La documentación sugiere la existencia de un cenobio o monasterio en este lugar, mencionado en una donación del rey Ordoño I a la Catedral de Oviedo en el año 857. Aunque la autenticidad de este documento ha sido debatida por historiadores, la tradición y el topónimo cercano de la "fuente de los monjes" mantienen viva la memoria de esa primera comunidad monástica. Lo que sí se erigió con certeza fue un templo románico en el siglo XII, de nave única y ábside recto, cuyos vestigios constituyen hoy el principal atractivo del edificio.

Sin embargo, la iglesia ha sido objeto de un sinfín de avatares. En el siglo XVI sufrió una reforma sustancial que alteró su cabecera original. Otra intervención importante tuvo lugar en 1875. La Guerra Civil de 1936 dejó una profunda herida, provocando un incendio que destruyó gran parte de su interior. Su reconstrucción en la década de 1940 fue posible gracias al apoyo económico de emigrantes asturianos en Cuba, un hecho que subraya el fuerte vínculo de la diáspora con su tierra. Por si fuera poco, en la década de 1960, la explosión en una cantera cercana provocó el derrumbe de su bóveda, obligando a una nueva y compleja intervención. Esta sucesión de desastres y restauraciones explica su aspecto actual, un mosaico de estilos e intervenciones.

Tesoros Románicos que Perduran

A pesar de su accidentada historia, Santa María de Llogrezana conserva elementos románicos de excepcional calidad. La antigua portada, aunque modificada, todavía deja entrever su origen medieval. La espadaña, de líneas sencillas, se integra armoniosamente en el conjunto. Pero la joya indiscutible es una ventana que hoy se encuentra en el muro sur de la capilla mayor. Originalmente situada en el ábside primitivo, fue trasladada durante la reforma del siglo XVI, un acto que afortunadamente garantizó su preservación.

Esta ventana es un compendio del arte escultórico de la época. Se compone de un arco de medio punto sobre dos columnas, con capiteles profusamente decorados. El capitel izquierdo es, quizás, la pieza más valiosa de todo el templo: representa a cuatro animales serpentiformes o dragones entrelazados, mordiéndose las colas en una composición que evoca el ciclo del eterno retorno. El estilo, de una abstracción lineal y un decorativismo muy marcado, ha sido comparado por expertos con motivos del arte vikingo, lo que añade una capa más de interés a su interpretación. Los motivos vegetales y faunísticos del otro capitel y la decoración geométrica de la arquivolta completan una obra de arte que justifica por sí sola la visita.

La Experiencia del Visitante: Luces y Sombras

Adentrarse en la parroquia de Santa María de Llogrezana puede generar sensaciones encontradas. Por un lado, el peso de la historia es palpable en sus muros exteriores y en los detalles románicos. Es un lugar que, según cuentan, fue visitado con frecuencia por el escritor Leopoldo Alas 'Clarín' durante sus veraneos en Carreño, lo que le añade un atractivo cultural adicional.

Sin embargo, el interior presenta un desafío para los puristas. Las sucesivas reconstrucciones y, en particular, algunas intervenciones más recientes, han generado controversia. Varios visitantes señalan la existencia de unos frescos o pinturas murales de estilo moderno y colorido que, en su opinión, no armonizan con la sobriedad y la estética del conjunto románico. Algunas fuentes atribuyen estas y otras decoraciones a la labor artística de un antiguo párroco, que aportó su visión personal, cercana al arte Naïf, al templo. Si bien esta intervención es parte de la historia reciente de la iglesia, es un factor que los potenciales visitantes deben tener en cuenta para gestionar sus expectativas.

El Reto de Encontrarla Abierta: Planificar la Visita

El principal punto negativo y una frustración recurrente para muchos que se acercan a conocerla es la dificultad para encontrarla abierta. Son numerosos los testimonios de personas que, tras llegar al lugar, se han topado con las puertas cerradas, teniendo que conformarse con admirar únicamente su exterior. Este es un aspecto crucial a considerar antes de emprender el viaje.

Para evitar esta decepción, es fundamental informarse sobre los horarios de misas. Asistir a una celebración litúrgica, como la misa dominical, suele ser la forma más segura de garantizar el acceso al interior. No obstante, al tratarse de una parroquia rural, estos horarios pueden ser irregulares o cambiar sin previo aviso. La recomendación más sensata es intentar contactar directamente con la parroquia. El número de teléfono facilitado por el Arzobispado de Oviedo (618 68 32 31) es la vía más directa para consultar el horario de apertura de la iglesia y planificar la visita con certeza. Para aquellos interesados en visitar iglesias románicas, este paso previo es indispensable.

En definitiva, la Iglesia de Santa María de Llogrezana es un destino que recompensa al visitante paciente y preparado. No es una postal perfecta del románico, sino una superviviente que muestra con orgullo las huellas de su larga vida. Su valor reside tanto en la belleza de sus elementos originales como en la compleja historia que sus muros reformados relatan. Para los amantes del arte, la historia y las iglesias con encanto en Asturias, es una parada obligatoria, siempre y cuando se tome la precaución de confirmar que sus puertas estarán abiertas para desvelar todos sus secretos.

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