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Iglesia de San Martiño de Cumbraos

Iglesia de San Martiño de Cumbraos

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Lugar Cumbraos, 19, 27215 Monterroso, Lugo, España
Iglesia Iglesia católica
10 (2 reseñas)

En la apacible y verde comarca de A Ulloa, tierra que el escritor Emilia Pardo Bazán inmortalizó en su literatura, se esconde un tesoro patrimonial que a menudo pasa desapercibido para el viajero apresurado, pero que recompensa con creces a quien se detiene a observarlo. Nos referimos a la Iglesia de San Martiño de Cumbraos, situada en el pequeño núcleo de Lugar Cumbraos, dentro del municipio de Monterroso, en la provincia de Lugo. Este templo no es solo un lugar de culto, sino un testigo pétreo de la historia medieval de Galicia, formando un conjunto arquitectónico indisoluble con la vecina Casa-Torre de Cumbraos. Al acercarse a esta edificación, uno no solo visita una iglesia, sino que se sumerge en la atmósfera de la hidalguía rural gallega y en la devoción secular que ha moldeado el paisaje de esta región.

La Iglesia de San Martiño de Cumbraos es un ejemplo canónico del románico rural gallego, un estilo que floreció con fuerza en la provincia de Lugo durante el siglo XII y que ha dejado una huella imborrable en la geografía local. Aunque su fábrica original data de aquel periodo medieval, el edificio ha sufrido diversas modificaciones a lo largo de los siglos que han alterado su fisonomía primitiva, pero sin borrar su esencia. Su estructura responde al esquema clásico de estas construcciones: una nave rectangular de mayor altura que desemboca en un ábside, también rectangular pero de menores dimensiones. Esta disposición volumétrica, con sus cubiertas de teja a dos aguas y sus sólidos muros de sillería de granito, transmite una sensación de robustez y eternidad, características propias de la arquitectura defensiva y religiosa de la época.

Uno de los elementos más destacados de su exterior es, sin duda, su portada principal. A pesar de la sencillez que caracteriza al románico rural, la entrada al templo presenta un arco de medio punto definido por una arquivolta tórica y una ancha escocia, elementos que descansan sobre columnas cuyos fustes son de una sola pieza. Los capiteles, aunque erosionados por el paso del tiempo y la intemperie, aún muestran decoración vegetal y figurada, invitando al observador a descifrar los mensajes que los canteros medievales quisieron plasmar en la piedra. El tímpano liso, libre de ornamentación, dirige la atención hacia la armonía del conjunto del arco. Además, es imprescindible levantar la vista hacia los aleros del tejado, donde se conservan una serie de canecillos con decoraciones variadas, desde formas geométricas hasta representaciones más orgánicas, que son un sello de identidad de este estilo artístico.

Lo que hace verdaderamente especial a este enclave es su vinculación histórica y física con la Casa-Torre de Cumbraos. No se puede entender la iglesia sin el pazo, ni el pazo sin la iglesia. Durante siglos, este templo funcionó como capilla familiar para los señores de la torre, linajes poderosos como los Noguerol, los Gaioso y los Arias. Esta relación de patronazgo se hace patente en el interior del edificio, donde se encuentran enterramientos pertenecientes a la casa de la Torre. En la línea del arco triunfal, que separa la nave del presbiterio, se hallan dos sepulcros, uno de los cuales ostenta el escudo de armas de la familia, recordando a los visitantes el vínculo entre el poder terrenal y el espiritual que regía la vida en la Galicia del Antiguo Régimen.

Al adentrarnos en su interior, descubrimos que la sobriedad del granito exterior da paso a detalles de gran interés litúrgico y artístico. Destaca una pila bautismal de granito, decorada con un motivo de sogueado en su borde superior, una ornamentación típica que remite a la tradición celta y románica de la zona. Sin embargo, el punto focal del presbiterio es el retablo mayor. A diferencia de la arquitectura medieval del edificio, el retablo es una obra mucho más tardía, de estilo rococó, fechada según una inscripción en el año 1878, siendo cura Don Manuel Castro Pérez. Este contraste entre la piedra medieval y la madera policromada del siglo XIX es un reflejo de cómo estos espacios han seguido vivos y evolucionando, adaptándose a los gustos estéticos de cada generación de fieles.

Hablar de lo positivo de este comercio, o en este caso, de este lugar de culto y visita cultural, es hablar de la autenticidad. A diferencia de las grandes catedrales abarrotadas de turistas, la Iglesia de San Martiño de Cumbraos ofrece una experiencia de paz y recogimiento casi mística. La ubicación en una aldea tranquila, rodeada de naturaleza y silencio, permite una conexión íntima con la historia y la espiritualidad. El estado de conservación del exterior es notable, permitiendo apreciar la maestría de los canteros medievales. Además, la accesibilidad es buena, contando con entrada accesible para sillas de ruedas, lo cual es un punto muy favorable para un edificio de esta antigüedad. Es un destino ideal para los amantes del arte, la fotografía y la historia que buscan descubrir la "Galicia profunda" y real.

Sin embargo, como en todo destino, hay aspectos que el visitante debe planificar con antelación, y aquí entramos en lo que podría considerarse "lo malo" o, mejor dicho, los desafíos logísticos. El principal inconveniente radica en la información sobre Iglesias y Horarios de Misas. Al tratarse de una pequeña parroquia rural, no existe un horario de apertura continuo como en las basílicas urbanas. Las misas no se celebran a diario y, a menudo, los horarios pueden rotar entre las diferentes parroquias atendidas por el mismo sacerdote o limitarse a festividades específicas y domingos alternos. Esto puede frustrar a quien llegue esperando encontrar las puertas abiertas de par en par. Por ello, es vital informarse previamente a través del Obispado de Lugo o preguntar a los vecinos de la localidad, quienes suelen tener la información más actualizada sobre cuándo se oficiará el próximo servicio religioso.

Otro aspecto a considerar es que, al ser un templo vinculado históricamente a una propiedad privada (el Pazo), y dado su carácter rural, el interior no siempre es accesible para la visita turística espontánea fuera de los horarios de culto. Esto significa que muchos visitantes deben conformarse con admirar la magnífica arquitectura exterior, los ábsides y la fachada. No obstante, el mero hecho de contemplar el conjunto que forma con la torre medieval y pasear por el entorno justifica el desplazamiento. La falta de servicios turísticos inmediatos, como tiendas de recuerdos o cafeterías en la propia puerta, lejos de ser un defecto, contribuye a preservar la atmósfera genuina del lugar, aunque obliga al viajero a ser previsor y llevar agua o provisiones si planea una estancia larga en la zona.

Para llegar a este rincón de Monterroso, el viajero debe estar dispuesto a transitar por carreteras secundarias que, si bien están asfaltadas, requieren una conducción tranquila y atenta. Desde el centro de Monterroso, se debe tomar la pista indicada hacia O Marco y, tras unos pocos kilómetros, desviarse hacia la aldea de Cumbraos. La señalización es suficiente, pero el uso de GPS es recomendable. El entorno invita no solo a visitar la iglesia, sino a realizar una caminata por los alrededores, disfrutando del paisaje agrario gallego, salpicado de robles y castaños, que envuelve al conjunto monumental en un abrazo verde.

la Iglesia de San Martiño de Cumbraos no es un destino de masas, y ahí radica su mayor encanto. Es un lugar para el viajero que sabe mirar, que valora el silencio de las piedras y que busca entender la historia de Galicia a través de sus parroquias rurales. Aunque la incertidumbre sobre Iglesias y Horarios de Misas requiera una planificación extra, la oportunidad de estar frente a un testimonio vivo del siglo XII, en perfecta comunión con la arquitectura civil del pazo anexo, convierte a Cumbraos en una parada obligatoria para quien desee profundizar en el alma de la comarca de A Ulloa. Es, en definitiva, una joya de granito que resiste el paso del tiempo, esperando pacientemente a aquellos que buscan algo más que una simple foto: una historia que contar.

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