Iglesia de san Juan de Nieva
AtrásLa Iglesia de San Juan de Nieva, formalmente conocida como Iglesia de Nuestra Señora del Carmen, representa una de las paradojas más singulares del patrimonio arquitectónico de Avilés. Este templo, de notable valor y diseño único, se encuentra en una situación que frustra y desconcierta a partes iguales: está enclavado en medio de la frenética actividad industrial del puerto de Avilés, aislado de la población y, en la práctica, inaccesible para el público general y los fieles.
Un Diseño Arquitectónico Singular
Proyectada en 1944 por el arquitecto Ignacio Álvarez Castelao, la iglesia es un ejemplar de arquitectura singular. Su característica más distintiva es la cubierta, cuya directriz parabólica se asemeja al casco invertido de un barco, un claro homenaje a la vocación marinera de la zona para la que fue concebida. Su planta de cruz latina y los porches exteriores que la rodean completan un conjunto que, por su valor, ha sido objeto de protección y conservación. Sin embargo, este valor arquitectónico choca frontalmente con la realidad de su entorno.
El Aislamiento: Un Templo Rodeado de Carbón
El principal y abrumador inconveniente de este edificio es su ubicación. Como señalan varios visitantes, la iglesia está literalmente "rodeada de carbón en pleno polígono". El crecimiento y la reconfiguración del Puerto de Avilés a lo largo de los años fueron cercando progresivamente el templo, hasta dejarlo como una isla de piedra en un mar de actividad industrial. Montañas de carbones y otros materiales descargados de los buques la flanquean, y el acceso está restringido por las barreras de seguridad de la zona portuaria. Para cualquier persona interesada en visitarla, ya sea por motivos de fe o por interés cultural, el acceso requiere un permiso especial, algo inviable para una visita espontánea.
Cese del Culto y Estado Actual
A pesar de que algunas plataformas la listen como "operacional", la realidad es muy distinta. La iglesia fue desacralizada y celebró su última misa en julio de 2008. En aquel momento, el Arzobispado de Oviedo comunicó a los vecinos el cierre definitivo del templo, una decisión motivada por la imposibilidad de convivir con la expansión portuaria. Por tanto, es fundamental aclarar que quienes busquen Iglesias y Horarios de Misas en Avilés no encontrarán actividad litúrgica alguna en este lugar. La búsqueda de misas en Avilés o de una parroquia activa debe dirigirse a otros templos de la ciudad, ya que San Juan de Nieva ya no cumple esa función. Los archivos parroquiales, de hecho, fueron transferidos a la parroquia de Nuestra Señora del Carmen de Salinas.
La Contradicción de su Rehabilitación
Recientemente, la iglesia ha sido objeto de una importante rehabilitación que ha renovado su imagen. En 2023, se completaron unas obras de conservación con una inversión superior a los 300.000 euros. Si bien esta intervención ha sido crucial para preservar un edificio de indudable valor patrimonial y evitar su demolición, también ha acentuado la sensación de "despropósito" que algunos ciudadanos manifiestan. Se ha realizado un gasto público considerable en un edificio catalogado que, sin embargo, permanece cerrado y sin un uso definido, inaccesible para aquellos que con sus impuestos han contribuido a su mantenimiento.
Esta situación ha llevado a comparaciones irónicas, como la de un "mini Vaticano Asturiano cerrado al público". La Autoridad Portuaria, propietaria del inmueble, ha manifestado la intención de buscar posibles usos futuros para el edificio, pero de momento sigue siendo un patrimonio cultural enclaustrado, visible a la distancia pero inalcanzable.
¿Merece la pena el intento de visita?
Para el feligrés que quiera buscar misa o un lugar de recogimiento, la respuesta es un rotundo no. Esta no es una iglesia más cercana para el culto. Para el aficionado a la arquitectura o a la historia industrial, la experiencia puede ser agridulce. Se puede apreciar la silueta única del edificio desde algunos puntos exteriores a la zona portuaria, pero la imposibilidad de acercarse, de contemplar los detalles de su arquitectura o de simplemente acceder a su interior, resulta profundamente frustrante. Es un monumento a la memoria industrial y religiosa de la zona, pero un monumento al que solo se puede mirar desde detrás de una valla, un patrimonio preservado pero, en la práctica, perdido para el disfrute y uso público.