Iglesia de San Francisco Javier
AtrásLa Iglesia de San Francisco Javier se erige como el principal referente religioso en la localidad de Castejón, Navarra, situada específicamente en la Calle Pío Baroja, número 0. A diferencia de muchos templos navarros que hunden sus raíces en el románico o el gótico medieval, esta edificación presenta una historia mucho más reciente, habiendo sido inaugurada en el año 1944. Esta fecha de construcción dota al edificio de una sobriedad característica de la arquitectura de mediados del siglo XX, diseñada para responder al crecimiento demográfico de un nudo ferroviario e industrial como lo es Castejón, más que para ostentar el poderío eclesiástico de siglos pasados.
Al observar su exterior, el visitante se encuentra con una estructura sólida donde predomina el ladrillo, material humilde y resistente, muy común en la Ribera de Navarra. La fachada principal y su torre campanario no buscan impresionar con filigranas de piedra, sino ofrecer un espacio funcional y digno para el culto. Sin embargo, juzgar este templo únicamente por su apariencia externa sería un error considerable para cualquier amante del arte sacro. La verdadera riqueza de la Iglesia de San Francisco Javier reside en su interior, donde se produce un interesante diálogo entre la arquitectura moderna y el patrimonio artístico rescatado de otras épocas y lugares.
El elemento más destacado y que justifica por sí solo la visita es, sin duda, el retablo mayor. Aunque el edificio data de 1944, el retablo que preside el presbiterio es una joya del manierismo de hacia 1570. Este contraste cronológico se debe a que la pieza no fue creada originalmente para este lugar, sino que procede de la iglesia de San Martín de Ollogoyen, en la zona de Metauten. El traslado de obras de arte desde pueblos en despoblación o iglesias en ruinas hacia parroquias más nuevas fue una práctica que, en este caso, permitió la conservación de una obra notable.
Analizando el retablo en detalle, nos encontramos ante una estructura que responde a los cánones del romanismo, una corriente escultórica que enfatizaba la anatomía robusta y la expresión dramática, influenciada por la obra de Miguel Ángel. La pieza consta de un banco con netos y tableros decorados, sobre el cual se alza un cuerpo único dividido en tres calles. Estas calles están delimitadas por pilastras de orden jónico con fuste estriado, una muestra del apego a las formas clásicas que imperaba en el siglo XVI. Sobre ellas descansa un friso adornado con querubines, culminando en un ático con columnas corintias y un frontón recto, todo ello enmarcado por elementos vegetales conocidos como aletones.
En cuanto a la iconografía que presenta este retablo, se pueden observar pinturas romanistas de gran calidad que representan a un santo obispo y a San Cristóbal. Estas pinturas encuadran un relieve central de un santo diácono. Es importante señalar que la policromía que vemos hoy en día, así como las guirnaldas del banco y los recrecidos del ático, no son las originales del siglo XVI, sino el resultado de reformas neoclásicas posteriores que buscaron adaptar la estética de la pieza a los gustos de siglos venideros. Esta superposición de estilos convierte al retablo en un documento histórico que narra la evolución del gusto artístico en la región.
Además del retablo, el templo alberga otras piezas de incalculable valor que a menudo pasan desapercibidas para el visitante apresurado. En el presbiterio se encuentra una talla moderna del patrón, San Francisco Javier, obra del imaginero burgalés Eulogio Valladolid. Esta escultura representa al santo jesuita, patrón de Navarra y de las misiones, y conecta la devoción local con la identidad foral. También destaca una talla barroca de un Crucificado del siglo XVIII, que aporta el dramatismo y la emotividad propios de ese periodo artístico.
Otro tesoro oculto en la sacristía o en el uso litúrgico solemne es la orfebrería. La parroquia custodia un copón de plata de estilo rococó fechado en 1776. Lo singular de esta pieza es su origen: cuenta con punzones de México y del ensayador mexicano Diego González de la Cueva. La presencia de plata novohispana en una iglesia de la Ribera de Navarra es un testimonio fascinante de los vínculos transatlánticos y de cómo las riquezas del Nuevo Mundo retornaban a la península, a menudo como donaciones de "indianos" o benefactores que no olvidaban sus raíces religiosas.
Sin embargo, la experiencia de visitar este comercio de la fe no está exenta de inconvenientes que deben ser señalados con honestidad. Uno de los problemas recurrentes que reportan los usuarios y potenciales visitantes gira en torno a la accesibilidad y la información sobre los servicios religiosos. Para aquellos que buscan Iglesias y Horarios de Misas en Castejón, la tarea puede resultar frustrante. No es raro encontrar reseñas de viajeros que, intentando visitar el templo un sábado o un fin de semana fuera de las horas centrales, se han topado con las puertas cerradas y sin ningún cartel visible que indique cuándo se abrirá.
La falta de un horario fijo y visible en el exterior es una deficiencia notable en la gestión de la apertura al público. En la era digital, donde la búsqueda de Iglesias y Horarios de Misas se realiza mayoritariamente a través de internet, la ausencia de información actualizada o la discrepancia entre lo esperado y la realidad (como encontrar la iglesia cerrada un sábado por la tarde) genera decepción. Esto es especialmente crítico en una localidad que, por su posición geográfica, podría atraer a más visitantes de paso interesados en su patrimonio mueble.
Otro aspecto negativo, o más bien una "oportunidad perdida" en el estado actual del edificio, es la situación de las pinturas murales de la bóveda. Según testimonios y documentación gráfica, el presbiterio lucía anteriormente un mural en su bóveda que hoy se encuentra cubierto o deteriorado. Existe un deseo por parte de la comunidad parroquial de recuperar este patrimonio pictórico, pero hasta que eso suceda, el interior pierde parte de la majestuosidad visual que podría tener. La estructura actual, aunque digna, oculta esta capa de historia artística que completaría el conjunto decorativo junto al retablo y las tallas.
Desde el punto de vista de la funcionalidad, la iglesia cuenta con entrada accesible para sillas de ruedas, lo cual es un punto positivo muy relevante. La nave es amplia, con tres pasillos que permiten una circulación fluida, y la cabecera semicircular focaliza la atención en el altar mayor. La iluminación, aunque sobria, permite apreciar los detalles del retablo si se visita a la hora adecuada, generalmente coincidiendo con los oficios religiosos, que suelen ser los únicos momentos garantizados de apertura.
La comunidad local tiene un fuerte apego a este edificio. Para los habitantes de Castejón, no es solo un museo de piezas traídas de otros lugares, sino el escenario de sus vivencias vitales: bautizos, bodas y despedidas. Sin embargo, para el turista cultural, la visita requiere planificación. No se recomienda acudir sin previo aviso si el objetivo es un análisis artístico detallado. Lo ideal es contactar telefónicamente al número 948 77 00 35 para confirmar la disponibilidad de acceso, evitando así el viaje en balde.
la Iglesia de San Francisco Javier en Castejón es un ejemplo fascinante de cómo un continente arquitectónico modesto y moderno puede albergar un contenido artístico de primer nivel. La presencia del retablo manierista de Ollogoyen y la platería mexicana justifican la parada en esta localidad de la Ribera. No obstante, la gestión de la información respecto a Iglesias y Horarios de Misas necesita una mejora urgente para facilitar el acceso a quienes no son feligreses habituales. Es un lugar de contrastes: ladrillo del siglo XX frente a madera policromada del siglo XVI, devoción local frente a arte importado, y una riqueza cultural que merece estar más accesible al público general.