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Iglesia de San Agustín

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Plaza Luis de Leon Huerta, 1, 38430 Icod de los Vinos, Santa Cruz de Tenerife, España
Iglesia
9.4 (3 reseñas)

Ubicada en la Plaza Luis de León Huerta, la Iglesia de San Agustín es uno de los testimonios arquitectónicos y espirituales más relevantes de Icod de los Vinos. Lo que hoy se conserva es el templo del que fuera el primer convento agustino de la localidad, un complejo que ha sufrido notables transformaciones a lo largo del tiempo, hasta el punto de que el resto de las dependencias conventuales fueron demolidas para dar paso al actual Ayuntamiento y a la configuración de la plaza. Este hecho, si bien ha permitido la creación de un importante espacio cívico, también supone una pérdida patrimonial significativa, dejando a la iglesia como única superviviente de la estructura original.

Un Origen Marcado por la Historia y la Fe

La historia del templo se remonta a 1585, cuando el Obispo de Canarias, don Fernando Rueda, cedió una pequeña ermita preexistente dedicada a San Sebastián a la Orden de San Agustín. Sobre ella se fundó el convento que llevaría el nombre del santo, aunque popularmente la iglesia ha sido siempre conocida como de San Agustín. Esta dualidad de advocaciones es una de las primeras particularidades que llaman la atención. La construcción del convento y de la iglesia estuvo marcada desde sus inicios por dificultades económicas, lo que obligó a los frailes a buscar el patrocinio de las familias más ilustres y pudientes de Icod. Nombres como Juan de Alzola, Leonor de Torres Montesdeoca o el licenciado Fernando de Montiel fueron cruciales, financiando capillas, retablos y obras que enriquecieron el patrimonio del templo.

Arquitectura: Entre la Sencillez y la Riqueza Ornamental

Exteriormente, la iglesia presenta una fachada sobria, con muros encalados que reflejan la luz y se integran en el entorno de la plaza. Sin embargo, su interior alberga una riqueza que contrasta con esta aparente sencillez. La estructura es de una sola nave con dos capillas laterales, un diseño característico del siglo XVI. Uno de los elementos más destacados y que a menudo sorprende al visitante es su techumbre. La capilla de La Soledad, también conocida como capilla de los Montiel, cuenta con un excepcional artesonado de estilo mudéjar, una joya de la carpintería canaria que evidencia la influencia artística andaluza en las islas. Este tipo de techos no solo cumplía una función estructural, sino que también aportaba una gran belleza y solemnidad al espacio sagrado.

Otro rasgo arquitectónico sumamente curioso son los dos arcos construidos en ladrillo. Este detalle es inusual en la arquitectura religiosa de la zona, donde predomina la cantería. Las hipótesis sobre su origen son varias: algunos expertos sugieren que podría deberse a la escasez de recursos de los monjes agustinos en ciertas fases de la construcción, mientras que otros apuntan a una posible influencia de constructores portugueses asentados en la región, habituados al uso de este material. Sea cual sea la razón, estos arcos de ladrillo visto aportan un carácter único y distintivo al interior del templo.

Tesoros Artísticos en su Interior

La Iglesia de San Agustín custodia un valioso conjunto de bienes muebles. Destacan sus retablos, entre los que se encuentran piezas de estilo barroco y rococó. El retablo de la capilla de La Soledad (o de Montiel) es especialmente notable. Concebido como un gran nicho para albergar escenas complejas, actualmente presenta un Calvario, aunque en el pasado acogió la imagen del Gran Poder de Dios, hoy en la iglesia de San Marcos. Su diseño incluye columnas con estrías en zigzag y una curiosa ornamentación con frutas, una novedad que, según algunos historiadores, pudo llegar por la influencia de América. La observación detallada de estos retablos es fundamental para cualquiera que busque visitar iglesias históricas y apreciar el arte sacro de diferentes épocas.

Además de los retablos, el templo conserva un elegante púlpito y otras obras de imaginería y pintura que han sido donadas a lo largo de los siglos por las familias protectoras del convento. Este patrimonio artístico convierte cada visita en una oportunidad para descubrir la profunda devoción y el poder económico de las élites de Icod en los siglos pasados.

Aspectos a Considerar para el Visitante

A pesar de su indudable valor histórico y artístico, la experiencia del visitante puede encontrar algunos inconvenientes. Uno de los principales es la falta de información clara y accesible sobre los horarios de misas y apertura. A menudo, quienes desean asistir a las celebraciones litúrgicas o simplemente visitar el templo fuera del culto se encuentran con las puertas cerradas sin previo aviso. La búsqueda de información sobre la misa dominical o los horarios de entre semana puede ser infructuosa en línea, lo que obliga a desplazarse hasta el lugar para verificar la disponibilidad, un aspecto negativo para la planificación de la visita.

Por otro lado, aunque el estado de conservación general es bueno, la propia historia del edificio, que ha perdido su contexto conventual, hace que su lectura arquitectónica sea incompleta. El visitante debe hacer un esfuerzo de imaginación para comprender cómo se integraba esta iglesia en el complejo monástico original. La sencillez de sus muros encalados, que para algunos es un atractivo contraste con la riqueza de los retablos y el artesonado, para otros puede resultar demasiado austera en comparación con otros templos barrocos de las islas.

A pesar de estos detalles, la Iglesia de San Agustín es una parada obligatoria para los interesados en la historia, el arte y la vida espiritual de Icod de los Vinos. Es un lugar que habla de fe, de poder, de arte y de las transformaciones urbanas. Para quienes forman parte de las parroquias en Icod o para los viajeros, conocer este templo es conectar con una parte esencial del alma de la ciudad.

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