Iglesia de la Exaltación de la Santa Cruz
AtrásEn el entramado urbano de Zaragoza, específicamente en la calle Espoz y Mina, se encuentra un recinto que, a pesar de su ubicación céntrica, a menudo pasa desapercibido para el transeúnte apresurado. Se trata de la Iglesia de la Exaltación de la Santa Cruz, un edificio que encierra tras una fachada de sobriedad casi espartana, uno de los conjuntos artísticos y arquitectónicos más coherentes del barroco academicista en Aragón. Este templo no busca impresionar desde la calle; su verdadera riqueza se reserva para quienes deciden cruzar el umbral, revelando un espacio donde la geometría, la luz y la pintura se fusionan para crear una atmósfera de recogimiento y belleza estética que contrasta con el bullicio comercial del exterior.
La historia de este lugar sagrado se remonta mucho más atrás de lo que sus muros actuales sugieren. Situada en lo que fue el centro geométrico de la Zaragoza romana, la parcela ha albergado espacios de culto desde hace siglos, pasando por una estructura medieval y posteriormente renacentista, hasta llegar a la edificación actual. La construcción que hoy podemos visitar se levantó en la segunda mitad del siglo XVIII, concretamente entre 1768 y 1780, un periodo de transición donde el barroco comenzaba a depurarse bajo las directrices de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Este contexto histórico es vital para comprender su diseño: una planta de cruz griega inscrita en un cuadrado, una solución arquitectónica que rompe con la tradicional nave alargada para ofrecer un espacio centralizado, diáfano y equilibrado, coronado por una cúpula que actúa como el corazón luminoso del edificio.
Un Tesoro Artístico Oculto: Los Bayeu y Luzán
Lo que verdaderamente distingue a la Iglesia de la Exaltación de la Santa Cruz es su condición de pequeño museo de la pintura aragonesa del siglo XVIII. Al adentrarse, la mirada es inevitablemente atraída hacia la cúpula central y sus pechinas. Aquí, la mano de Braulio González dejó su impronta con frescos que representan a los cuatro evangelistas, obras que sirven de transición visual entre la estructura cuadrada de la base y la semiesfera de la cubierta. La linterna, que permite la entrada de luz natural, está decorada con una representación de la Santísima Trinidad, creando un efecto de ascensión espiritual a través de la luminosidad.
Sin embargo, el punto focal del presbiterio es el lienzo que preside el altar mayor: "La Batalla de las Navas de Tolosa", pintado por Ramón Bayeu en 1785. Esta obra es fundamental para entender la importancia del templo, ya que Ramón, cuñado de Francisco de Goya y hermano de Francisco Bayeu, fue una figura clave en la corte y en el desarrollo del arte neoclásico en España. El cuadro no es solo una representación bélica o histórica; es una pieza que dialoga con la arquitectura circundante, aportando color y dinamismo a la sobriedad de los muros. Justo encima de esta pieza, se encuentra otra obra maestra, "La Invención de la Santa Cruz" de José Luzán, quien fuera maestro del propio Goya. La presencia de obras de Luzán y los hermanos Bayeu convierte a este templo en una parada obligatoria para los estudiosos del arte, permitiendo trazar las líneas genealógicas de la pintura que culminaría en el genio de Goya.
Recorrido por las Capillas y Altares
El diseño de cruz griega permite una distribución interesante de los altares laterales, que no son meros añadidos, sino partes integrales de la experiencia espacial. En el recorrido por el templo, el visitante encontrará retablos neoclásicos dedicados a diversas devociones. Destaca el altar de San Miguel Arcángel, que alberga una copia fidedigna de la famosa obra de Guido Reni, mostrando al arcángel en su victoria sobre el demonio. En el lado opuesto, el retablo de San Gregorio Magno presenta otro lienzo de José Luzán, donde el santo rechaza la tiara pontificia, una obra de gran calidad técnica y expresiva.
Es notable también la presencia de una talla de San Josemaría Escrivá de Balaguer, fundador del Opus Dei, cuya prelatura tiene encomendada la atención pastoral del templo. Esto añade una capa de significado contemporáneo a la iglesia, manteniéndola viva no solo como monumento histórico, sino como centro activo de espiritualidad actual. Otros altares, como el dedicado a San Victorián o el del Santo Cristo, completan el programa iconográfico, ofreciendo rincones de oración que invitan al silencio.
Lo Positivo: Silencio, Arte y Ubicación
Analizando las virtudes de este comercio religioso, el primer punto a favor es su innegable valor artístico accesible de forma gratuita. A diferencia de otros grandes monumentos que requieren entrada, la Iglesia de la Exaltación de la Santa Cruz ofrece su patrimonio libremente a quien desee apreciarlo. Es un refugio de paz; el aislamiento acústico respecto a la calle es notable, permitiendo que, una vez dentro, el visitante se desconecte del ruido urbano y se sumerja en una atmósfera de contemplación.
La ubicación es otro de sus grandes activos. Al estar situada a pocos pasos de la Plaza del Pilar y frente al Museo Goya, se integra perfectamente en cualquier ruta cultural por el casco antiguo. No requiere un desvío significativo, sino que se presenta como un complemento ideal a la visita de las grandes catedrales. Además, su tamaño comedido permite una visita completa en un tiempo razonable, sin la fatiga que pueden provocar recintos más extensos. La calidad de la conservación del interior es excelente, con una iluminación que, si bien depende de la luz natural y de los horarios, suele ser suficiente para apreciar los detalles de los frescos y lienzos.
Lo Negativo: Visibilidad y Accesibilidad
No obstante, la realidad del lugar presenta ciertos inconvenientes que el potencial visitante debe conocer. El principal aspecto negativo es su fachada. Al estar encajonada entre edificios residenciales y comerciales en una calle estrecha, la iglesia carece de perspectiva exterior. La fachada, de un estilo extremadamente sencillo y plano, hace que sea muy fácil pasar de largo sin percatarse de su existencia. No hay una gran portada escultórica ni torres que anuncien su presencia desde la distancia, lo que la convierte en un tesoro "escondido" en el sentido más literal, a veces demasiado escondido para el turista que no va con un mapa detallado.
Otro punto débil señalado frecuentemente es la irregularidad en la apertura para visitas turísticas fuera del horario de culto. Al ser un templo activo y no un museo, la prioridad es la celebración litúrgica. Esto significa que los visitantes pueden encontrarla cerrada en momentos en los que esperarían poder entrar, o bien, que el acceso esté restringido durante la celebración de la misa para evitar interrupciones. Esto requiere que el interesado planifique bien su visita, consultando previamente los horarios disponibles. Además, la configuración del espacio, al ser pequeño y centralizado, hace que sea difícil visitar el templo discretamente si hay una ceremonia en curso; el turista se hace muy visible, lo que puede resultar incómodo tanto para él como para los fieles.
Información Práctica para el Visitante
Si tu intención es visitar este lugar, es crucial tener en cuenta los tiempos de apertura. La iglesia suele abrir sus puertas de lunes a sábado por las mañanas y tardes, y los domingos con un horario partido similar. Sin embargo, para aquellos interesados específicamente en asistir a los oficios religiosos o que necesiten confirmar la disponibilidad del sacerdote, es fundamental conocer los datos sobre Iglesias y Horarios de Misas en esta ubicación. Las celebraciones eucarísticas se realizan generalmente a las 11:00 y a las 19:30 horas durante la semana, añadiendo una misa de 12:00 los domingos y festivos, pensada habitualmente para las familias. También se reza el Santo Rosario diariamente a las 19:00 horas y se ofrece la Hora Santa los jueves por la tarde.
Es importante mencionar que durante los meses de verano, especialmente desde julio hasta mediados de septiembre, los horarios de apertura por la tarde pueden retrasarse, abriendo a las 18:00 en lugar de a las 17:00. La iglesia cuenta con accesibilidad para sillas de ruedas, lo cual es un punto muy positivo en un edificio de esta antigüedad. Para el fotógrafo aficionado, el interior presenta retos debido a la iluminación variable, pero está permitido tomar fotos siempre que no se interrumpa el culto y se haga con el debido respeto al lugar sagrado.
La Iglesia de la Exaltación de la Santa Cruz es, en definitiva, un ejemplo perfecto de que el tamaño no define la grandeza artística. Es un espacio que premia al curioso y al observador atento. Si bien su exterior no promete la magnificencia que guarda dentro, el contraste es precisamente lo que hace que la visita sea memorable. Ofrece una lección de historia del arte aragonés condensada en cuatro paredes y una cúpula, sirviendo como testimonio del talento de los Bayeu y Luzán. A pesar de los inconvenientes de su discreta fachada y los horarios supeditados al culto, constituye una parada esencial para quien desee profundizar en el patrimonio de Zaragoza más allá de las postales habituales, ofreciendo un momento de pausa, belleza y espiritualidad en el centro de la ciudad.