Ermita del Calvario
AtrásLa Ermita del Calvario, situada en la calle del mismo nombre en Icod de los Vinos, es un templo que encierra una notable carga histórica y devocional, distinguido oficialmente como Bien de Interés Cultural (BIC) con categoría de Monumento desde el año 2006. Este reconocimiento subraya su valor patrimonial, aunque la experiencia de quienes la visitan presenta una dualidad de aspectos positivos y negativos que merecen ser analizados en detalle para cualquier persona interesada en conocerla, ya sea por motivos de fe o por interés cultural.
Un Legado Histórico y Arquitectónico Singular
La historia de la Ermita del Calvario se remonta a antes de 1750, cuando fue erigida por iniciativa del alférez don Matías Antonio Sopranis. Originalmente, el templo se encontraba en una zona conocida como "malpaís", en las afueras del núcleo urbano de la época, un paraje con escasas construcciones. Su advocación inicial fue la de Nuestra Señora de los Afligidos, albergando en su interior una valiosa talla barroca de la Virgen, atribuida a la escuela sevillana. Sin embargo, un devastador incendio a principios del siglo XIX destruyó la ermita y la imagen original. Tras esta catástrofe, fue reconstruida bajo el mecenazgo de la familia Cáceres, lo que modificó parte de su estructura original.
Arquitectónicamente, la ermita es un reflejo de la sencillez tradicional canaria. Se accede a ella a través de una escalinata que conduce a una plaza elevada, confiriéndole una presencia destacada. Su fachada actual presenta un gran arco de medio punto de cantería y un remate mixtilíneo en el frontón. A la derecha, se alza una espadaña de doble arco para las campanas, mientras que un muro contiguo sostiene un calvario con tres cruces de madera. El interior consta de una sola nave con un artesonado de madera de par y nudillo de tradición mudéjar, un elemento de gran valor artístico, y el suelo está cubierto con losas de piedra.
Devoción y Vida Parroquial
Más allá de su arquitectura, la ermita es un importante centro de devoción. Actualmente, la imagen principal que se venera es el Santísimo Cristo del Calvario. Curiosamente, esta imagen no fue la titular original. Se trata de un Cristo de origen cubano, enviado desde La Habana en 1730, que inicialmente se encontraba en la iglesia de San Marcos. No fue hasta 1870 cuando fue trasladado a esta ermita, que adoptó su nueva advocación. La devoción por esta imagen es inmensa en el municipio, y su fiesta, celebrada el último domingo de septiembre, es una de las más importantes de Icod, junto con la de San Marcos.
Algunos visitantes y feligreses describen el ambiente del lugar como un remanso de paz, donde la acogida es tan cercana que se sienten como en familia. Esta percepción sugiere que para quienes buscan un espacio para la oración y la tranquilidad, o desean integrarse en una comunidad de fe, la Ermita del Calvario ofrece una atmósfera propicia y cálida. Es un punto de encuentro para la vida parroquial local, aunque no sea la iglesia matriz.
Aspectos a Mejorar: Disponibilidad y Mantenimiento
A pesar de su indudable valor, la Ermita del Calvario presenta desafíos significativos para los visitantes, especialmente para los turistas. El principal inconveniente es la limitada y, a menudo, impredecible disponibilidad de acceso. Varios testimonios coinciden en haber encontrado el templo cerrado sin previo aviso, lo que obliga a conformarse con ver su interior a través de las puertas acristaladas. Esta situación es una barrera para quienes desean apreciar su artesonado mudéjar o las imágenes que alberga.
La búsqueda de horarios de misas actualizados se convierte en una tarea crucial y, en ocasiones, frustrante. Según la información proporcionada por el Obispado de Tenerife, los horarios de celebraciones litúrgicas son bastante restringidos. Se oficia misa los viernes a las 18:00 y los domingos y festivos a las 9:30. No hay misas programadas los sábados ni el resto de días laborales. Esta escasez de servicios religiosos implica que las oportunidades para encontrar la ermita abierta son muy pocas, un punto negativo para quienes tienen una agenda de viaje apretada. Se recomienda encarecidamente verificar estos horarios antes de planificar la visita, ya que pueden estar sujetos a cambios.
El Entorno: Un Potencial Desaprovechado
Otro aspecto señalado por los visitantes es el estado de conservación de algunas zonas aledañas. En la parte posterior de la ermita se encuentra una fuente histórica con una pila de piedra, fruto de una donación de agua en 1815 por parte de doña María Cáceres, un hecho que impulsó el desarrollo del barrio. Sin embargo, se ha comentado que elementos como los chorros de agua en esta zona trasera se encuentran abandonados. Este descuido, aunque menor, desluce lo que podría ser un rincón con un encanto especial, restando valor a la experiencia global del visitante y transmitiendo una sensación de cierta dejadez en el mantenimiento del conjunto patrimonial.
Una Visita con Dos Caras
La Ermita del Calvario puede ser percibida de formas muy distintas. Para algunos, es simplemente una ermita pequeña sin mucho más que ofrecer, una opinión comprensible si se la compara con templos de mayor envergadura y ornamentación. No obstante, para quienes valoran la historia, la arquitectura tradicional y los espacios que invitan a la introspección, este lugar tiene un encanto innegable. Su declaración como Bien de Interés Cultural no es casual; responde a un legado que ha sobrevivido a incendios y al paso del tiempo.
Para el potencial visitante, la recomendación es clara: gestione sus expectativas y planifique con antelación. Si su interés es puramente turístico, intente que su visita coincida con los escasos horarios de misas en la iglesia para asegurarse de poder acceder. Si no es posible, la contemplación exterior desde la plaza elevada, su escalinata y su entorno histórico ya constituyen una visita interesante. Para el feligrés o la persona que busca un momento de paz, asistir a una de las misas hoy programadas puede ser una experiencia espiritualmente reconfortante, conectando con la profunda devoción que los icodenses profesan al Santísimo Cristo del Calvario.