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Ermita de Sant Antoni de les Codines

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08540 Centelles, Barcelona, España
Capilla Iglesia
8 (3 reseñas)

Una Ermita Viajera: La Compleja Historia de Sant Antoni de les Codines

La Ermita de Sant Antoni de les Codines se presenta al visitante como una construcción de piedra, sobria y bien conservada, en la entrada de la localidad de Centelles, en Barcelona. Su apariencia, que evoca siglos de historia, esconde una realidad mucho más dramática y reciente: la de un edificio que fue arrancado de su emplazamiento original para sobrevivir al avance de la modernidad. Esta ermita no solo es un lugar de culto, sino el testimonio de un esfuerzo por preservar el patrimonio, aunque en el proceso se hayan tomado decisiones controvertidas que merecen un análisis detallado.

Para comprender la esencia de Sant Antoni de les Codines, es imprescindible viajar en el tiempo hasta sus orígenes. Las primeras noticias documentadas de este templo datan del año 1291, cuando se erigía en un punto estratégico junto al antiguo camino real que conectaba Barcelona con Vic, dentro del término municipal de Seva. Originalmente, su devoción era doble, dedicada tanto a San Antonio como a Santa María. Su ubicación no era casual; servía como punto de referencia y auxilio para los viajeros de una de las rutas más importantes de la época. Esta función asistencial se consolidó a principios del siglo XIV, cuando Guilabert de Centelles, miembro de la nobleza local, fundó un hospital junto a la ermita, destinado a acoger a peregrinos y caminantes.

Esplendor y Decadencia del Complejo Hospitalario

El hospital, bajo el patronazgo de los obispos de Vic, prosperó notablemente. Las donaciones y rentas permitieron la construcción de un imponente edificio de estilo gótico que se levantó a pocos metros de la capilla. Sin embargo, con el paso de los siglos, el complejo fue perdiendo su esplendor. Hacia el siglo XVII, los registros episcopales ya se quejaban del mal estado del hospital, lo que llevó a una serie de reparaciones que, paulatinamente, transformaron su función hospitalaria en la de un hostal, más acorde con las nuevas necesidades del camino.

El primer gran golpe para el conjunto llegó con la modernización de las infraestructuras. La conversión del camino real en la carretera N-152 dejó la fachada oeste de la ermita a escasos centímetros del asfalto, obligando a tapiar su puerta original y a abrir un nuevo acceso en el muro sur. Pero la amenaza definitiva llegó a finales del siglo XX con el proyecto de desdoblamiento de la vía para convertirla en la autovía C-17. El trazado era incompatible con la supervivencia del complejo en su lugar histórico. La decisión fue drástica: el magnífico hospital gótico fue demolido, perdiéndose para siempre una pieza clave del patrimonio eclesiástico de la zona, de la que solo se conservaron algunas puertas y ventanas góticas como mudos testigos de su existencia.

El Traslado: Salvación con Sacrificios

Ante la inminente desaparición también de la ermita, se optó por una solución tan laboriosa como excepcional: su desmontaje y reconstrucción en un nuevo lugar. Entre 1987 y 1988, se llevó a cabo un minucioso estudio para numerar cada una de las piedras del templo. Fue un trabajo de arqueología constructiva que permitió, pieza a pieza, trasladar la ermita a su ubicación actual en Centelles. En 1991, el templo reconstruido fue bendecido de nuevo. Los visitantes actuales suelen alabar el resultado, describiéndolo como una "hormiga muy bien restaurada" (probablemente un error al escribir "ermita"), destacando la atmósfera de paz que se respira en su nuevo entorno.

Sin embargo, este rescate tuvo un coste patrimonial significativo. La crítica más profunda, señalada por conocedores del arte sacro, es que durante la reconstrucción no se respetó la orientación canónica original. Tradicionalmente, las iglesias y parroquias se construían con el ábside orientado hacia el este (ad orientem), de donde sale el sol, simbolizando a Cristo como la luz del mundo. La nueva ermita de Sant Antoni de les Codines perdió esta disposición litúrgica y simbólica fundamental, un detalle que, si bien puede pasar desapercibido para el visitante casual, constituye una falta grave para los puristas de la arquitectura religiosa.

Arquitectura y Estado Actual

Arquitectónicamente, la ermita es un bello ejemplo de la transición del románico al gótico. Presenta una sola nave, cubierta con una bóveda apuntada, que finaliza en un ábside rectangular, ligeramente más estrecho y cubierto por una bóveda de cañón. Un arco de medio punto dovelado une ambos espacios. Durante la reconstrucción, se recuperó la portada original del muro oeste, eliminando la que se había abierto en el sur por necesidad. El campanario de espadaña que corona el edificio es una adición moderna que complementa el conjunto.

Para aquellos que buscan visitar iglesias históricas o asistir a servicios religiosos, la Ermita de Sant Antoni de les Codines presenta un panorama particular. No parece tener un calendario regular de celebraciones litúrgicas; de hecho, encontrar información sobre horarios de misas en Centelles para esta ermita específica es prácticamente imposible, lo que supone una desventaja para el feligrés que busca un lugar para la misa dominical. Su actividad religiosa se concentra principalmente en una fecha clave: el 17 de enero, día de San Antonio Abad, cuando se celebra un tradicional y concurrido aplec (romería), convirtiendo la ermita en el epicentro de la devoción local. Este evento es la mejor oportunidad para vivir el espíritu de este lugar y verlo en pleno funcionamiento.

Un Balance Agridulce

En definitiva, la Ermita de Sant Antoni de les Codines es un lugar con una dualidad fascinante. Por un lado, representa un triunfo de la conservación, un templo salvado de la piqueta gracias a un esfuerzo monumental. Su estado actual es excelente y su emplazamiento, tranquilo y accesible, invita a la reflexión. Por otro lado, es un recordatorio de lo que se perdió: el hospital gótico y el contexto histórico original. La controvertida decisión de alterar su orientación canónica deja un sabor agridulce, un sacrificio en el altar del pragmatismo. Es una visita obligada para quien valore las historias de supervivencia del patrimonio, pero también para entender que, a veces, salvar un edificio no significa conservarlo en su totalidad.

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