Ermita de San Sebastián
AtrásLa Ermita de San Sebastián en Huelma, también conocida popularmente como Ermita del Santo, es un edificio que encapsula una profunda dualidad. Por un lado, es un vestigio arquitectónico del siglo XVI, catalogado como inmueble protegido, con detalles que evocan un pasado de devoción y relevancia comunitaria. Por otro, su estado actual presenta una realidad compleja que puede generar opiniones encontradas entre quienes se acercan a conocerla, una situación reflejada en las valoraciones notablemente bajas otorgadas por sus visitantes.
Valor Histórico y Arquitectónico: Las Huellas del Pasado
Construida en el siglo XVI, la ermita se ubica en un promontorio natural en el barrio de Plaza Nueva, una posición estratégica que, según la tradición, buscaba la protección de San Sebastián contra la peste y otras enfermedades contagiosas para los habitantes de Huelma. Originalmente, el templo presentaba una planta de cruz latina, aunque hoy en día solo se conserva la nave central, cubierta con una bóveda, y su acceso principal. Este lugar no era un templo menor; albergó imágenes de gran devoción local como el Santo Sepulcro, La Dolorosa y La Verónica, patrimonio que lamentablemente se perdió durante la Guerra Civil. Su cofradía tuvo una notable importancia en el siglo XVI, como atestiguan numerosos documentos de la época.
A pesar de las transformaciones sufridas, aún se pueden apreciar elementos de interés que justifican una visita exterior. El más destacado es su portada en la fachada norte. Se trata de una puerta adintelada, tallada en piedra de cantería, que presenta una decoración singular. En el centro del dintel, un óvalo con la inscripción "IHS" (abreviatura del nombre de Jesús en griego) confirma su vocación religiosa. A ambos lados, se observan motivos geométricos en forma de rombos y adornos florales, interpretados como posibles girasoles, una planta que simbólicamente se asociaba a la protección contra enfermedades. Además, la estructura se mantiene firme gracias a varios contrafuertes robustos que sostienen la cubierta, testigos silenciosos de su larga historia.
La Fuente del Santo: Un Complemento de Interés
Junto a la fachada oeste de la ermita, se encuentra un elemento que a menudo capta más la atención que el propio templo: la conocida como Fuente del Santo. Esta fuente de piedra de cantería, datada en el siglo XIX, no es original de esta ubicación; fue trasladada desde la cercana Plaza Nueva. Su buen estado de conservación y su valor estético la convierten en un punto de interés por derecho propio, complementando la visita a la ermita y ofreciendo un rincón pintoresco que contrasta con el estado modificado del edificio religioso.
La Realidad Actual: Un Templo No Visitado
Aquí radica el principal punto de conflicto y la causa de la decepción de muchos visitantes. A pesar de su rica historia, la Ermita de San Sebastián no se puede visitar interiormente. Múltiples testimonios confirman que el acceso al público está cerrado, lo que supone una barrera insalvable para quienes deseen conocer su nave o su bóveda. Aquellos que buscan información sobre horarios de misas o desean participar en algún acto litúrgico deben saber que este no es un lugar de culto activo. A diferencia de otras iglesias y horarios de misas disponibles en la comarca, esta ermita ha perdido su función religiosa pública.
El motivo de esta situación se remonta a su historia reciente. A finales del siglo XIX, el edificio pasó a manos privadas durante una de las desamortizaciones. A lo largo del siglo XX, su uso cambió drásticamente, llegando a servir como almacén de chatarra. Esta transformación funcional ha dejado una marca indeleble en su fachada. La integración de dos grandes cocheras o almacenes en su estructura principal altera profundamente su fisonomía original, haciendo que, como apunta un visitante, "sea difícil pensar que este edificio fue una ermita en su día". Esta modificación es, sin duda, el aspecto más criticado, ya que desvirtúa el carácter histórico y sagrado del inmueble, restándole gran parte de su encanto original.
¿Qué Esperar de una Visita?
Para un potencial visitante, es crucial gestionar las expectativas. La visita a la Ermita de San Sebastián es, en la práctica, una contemplación exterior. Es una oportunidad para:
- Apreciar detalles arquitectónicos: La portada principal con sus grabados y los contrafuertes son los elementos más valiosos que se pueden observar.
- Entender la historia local: Conocer su pasado como bastión protector contra epidemias y centro de devoción cofrade enriquece la comprensión del patrimonio de Huelma.
- Disfrutar de la Fuente del Santo: La fuente adosada ofrece un contrapunto bien conservado y fotogénico.
Sin embargo, es fundamental asumir sus limitaciones. No se debe esperar encontrar una de las parroquias en Jaén con un calendario de misas hoy. Su estado operativo se refiere a que el edificio está en uso, pero no para fines de culto público. Es un monumento que vive entre dos mundos: el de su legado histórico y el de su pragmática realidad actual como propiedad privada con un uso ajeno al religioso.
En definitiva, la Ermita de San Sebastián de Huelma es un lugar con un valor patrimonial innegable, pero cuya experiencia está condicionada por su inaccesibilidad y las alteraciones estéticas de su fachada. Para los interesados en la historia, la arquitectura y las tradiciones locales, una parada para observar su exterior y su fuente puede ser gratificante. No obstante, para el peregrino o el fiel que busca un espacio de oración o la celebración de la Eucaristía, este edificio histórico, lamentablemente, no cumplirá con sus expectativas.