Ermita de San Juan
AtrásLa Ermita de San Juan se sitúa en un enclave de singular aislamiento dentro del término municipal de San Sebastián de La Gomera, específicamente en el paraje de Benchijigua. Este pequeño templo representa una de las muestras más austeras y auténticas de la arquitectura religiosa rural de la isla, alejada de los circuitos turísticos masificados y profundamente vinculada a la historia de la propiedad de la tierra en esta zona. Su ubicación en la Calle Benchijigua número 1 no es solo una dirección postal, sino el punto de encuentro de un valle que ha visto pasar el tiempo entre la explotación agrícola y el abandono progresivo de sus asentamientos humanos.
La estructura de esta edificación responde a los cánones tradicionales de las iglesias canarias de pequeña escala: paredes blancas de mampostería, techumbre a dos aguas y una sencillez ornamental que invita al recogimiento. No obstante, su realidad actual está marcada por la baja frecuencia de uso. A diferencia de otros centros de culto más accesibles, los horarios de misas aquí son extremadamente limitados, reduciéndose en la mayoría de los casos a la festividad del santo patrón, San Juan Bautista, cada 24 de junio. Durante el resto del año, el templo permanece cerrado al público general, funcionando más como un hito histórico y visual en el paisaje que como un centro de actividad litúrgica diaria.
Contexto histórico y propiedad del entorno
Para entender la relevancia de la Ermita de San Juan, es imprescindible mencionar el entorno de Benchijigua. Este valle es, en su gran mayoría, propiedad de la empresa noruega Fred Olsen. En décadas pasadas, la zona fue objeto de un proyecto de turismo rural que rehabilitó varias de las antiguas casas de piedra, pero hoy en día la sensación dominante es la de un pueblo que se resiste a desaparecer por completo. La ermita queda como el testigo espiritual de una época en la que el valle estaba habitado por familias dedicadas al cultivo de la vid y otros productos de la tierra.
El hecho de que los terrenos circundantes pertenezcan a una entidad privada ha generado una dinámica particular en cuanto al acceso y la conservación. Si bien la ermita es un lugar de culto, su entorno se percibe como una propiedad privada gestionada, lo que ha influido en que las instalaciones recreativas exteriores, como los antiguos fogones, hayan sido reconvertidas en jardineras para evitar el riesgo de incendios y el uso no controlado del espacio. Esto es un punto importante para quienes planean pasar un día de campo; la infraestructura para barbacoas ya no está operativa.
El acceso: Un desafío para el visitante
Llegar a la Ermita de San Juan no es una tarea sencilla para el conductor medio. El acceso por carretera es restringido o complicado, lo que convierte al senderismo en la vía principal para conocer este lugar. Una de las rutas más valoradas por los caminantes es la senda que parte desde Pastrana, un recorrido de aproximadamente 2,2 kilómetros que discurre en paralelo al barranco. Este camino ofrece vistas espectaculares de la orografía gomera, permitiendo apreciar la magnitud del valle y la soledad en la que se encuentra el templo.
Para quienes buscan iglesias y horarios de misas convencionales, este destino puede resultar frustrante. No existe una oficina parroquial en el sitio ni un cartel actualizado con servicios religiosos regulares. La experiencia aquí es puramente contemplativa y naturalista. El valor de la visita reside en el silencio casi absoluto del valle, interrumpido únicamente por el viento o el sonido ocasional de algún animal doméstico de la única persona que, según los lugareños, aún reside de forma permanente en el caserío de Benchijigua.
Lo positivo de visitar la Ermita de San Juan
- Entorno natural incomparable: La ubicación ofrece una perspectiva única de la naturaleza volcánica de La Gomera, lejos del ruido urbano.
- Autenticidad histórica: Es un lugar que no ha sido alterado por el comercio turístico moderno, conservando su esencia de lugar de refugio.
- Rutas de senderismo: El camino desde Pastrana es una experiencia altamente recomendada para los amantes del ejercicio al aire libre y la fotografía de paisaje.
- Paz y soledad: Es el sitio ideal para quienes buscan desconexión total y un espacio para la meditación personal, independientemente de la práctica religiosa.
Lo negativo y aspectos a considerar
- Inexistencia de servicios religiosos regulares: Si su objetivo es asistir a una misa, es poco probable que encuentre el templo abierto salvo en fechas muy señaladas.
- Falta de infraestructuras: No hay tiendas, baños públicos ni zonas de restauración cercanas. Es necesario llevar agua y suministros propios.
- Restricciones de uso: La prohibición de hacer fuego y la conversión de fogones en jardineras limita las posibilidades de estancia prolongada en el exterior.
- Dificultad de acceso: No es un lugar apto para personas con movilidad reducida debido a la naturaleza del terreno y la necesidad de caminar largas distancias.
La festividad de San Juan: El momento de mayor actividad
El 24 de junio es el único día en que la Ermita de San Juan recobra su función social plena. En esta fecha, los antiguos habitantes del valle, sus descendientes y algunos vecinos de San Sebastián se desplazan hasta aquí para celebrar la fiesta patronal. Es el momento en el que se pueden consultar los horarios de misas especiales para la ocasión y participar en la pequeña procesión que suele acompañar al evento. La voz del cura apenas resuena en el interior debido a la sencillez acústica del edificio, pero el ambiente de hermandad compensa cualquier limitación técnica.
Para el resto del año, el visitante debe conformarse con observar la fachada y asomarse por las pequeñas aberturas si desea ver el interior. El mantenimiento de la ermita parece ser constante en cuanto a su estructura externa, gracias en parte a la gestión del entorno por parte de la propiedad privada y al respeto de los pocos senderistas que transitan la zona. Es un ejemplo de cómo una parroquia mínima puede sobrevivir al paso del tiempo incluso cuando la comunidad que la sustentaba ha emigrado casi en su totalidad.
Recomendaciones para potenciales visitantes
Si está planificando una visita a esta zona de San Sebastián de La Gomera, es vital que comprenda que no se dirige a una iglesia parroquial urbana. No espere encontrar un tablón de anuncios con los horarios de misas de la semana. Este es un lugar de peregrinación física y espiritual. Se recomienda iniciar la caminata temprano para evitar las horas de mayor calor, ya que el valle de Benchijigua puede alcanzar temperaturas elevadas y la sombra es escasa durante el trayecto.
Es importante respetar la privacidad de las pocas viviendas que permanecen en pie y no entrar en zonas señalizadas como propiedad privada, ya que la convivencia entre el uso público de la ermita y la propiedad privada del terreno es delicada. La Ermita de San Juan es un recordatorio de la fragilidad de los asentamientos rurales en las islas Canarias y de cómo la fe y la tradición logran mantener en pie edificios que, de otro modo, habrían sucumbido al olvido total.
la Ermita de San Juan en Benchijigua es un destino de contrastes. Lo que para algunos es un paraje desolado y difícil de alcanzar, para otros es un rincón lleno de encanto y recuerdos de una infancia ligada a la tierra. No es el lugar ideal para quien busca comodidad o una agenda de eventos religiosos apretada, pero es un punto de referencia esencial para entender la identidad de esta parte de la isla y la influencia de las grandes empresas en la conservación del patrimonio rural gomero.
Para consultas sobre otras iglesias en el municipio que sí ofrezcan servicios regulares, es preferible dirigirse al centro de San Sebastián, dejando la Ermita de San Juan como un destino de excursión, reflexión y aprecio por el paisaje histórico de La Gomera. La visita merece la pena por la belleza del trayecto y la solemnidad de un edificio que se mantiene en pie contra todo pronóstico en medio de un valle casi deshabitado.