Ermita de Folibar
AtrásEn las proximidades de San Esteban de Valdueza, en la provincia de León, se encuentran los restos de un edificio que desafía el paso del tiempo: la Ermita de Folibar. Aunque las plataformas digitales la clasifiquen como "operacional", la realidad es que se trata de una evocadora ruina que cuenta una historia de fe, comunidad y, lamentablemente, de abandono. Este lugar no es un templo activo para el culto regular, sino un destino para quienes buscan conectar con el pasado y la esencia del patrimonio religioso de León en un entorno natural privilegiado.
La estructura, hoy consolidada como una ruina fotogénica entre viñedos, fue en su día un centro espiritual de gran importancia. Conocida también como iglesia de Folibar, tuvo el rango de iglesia parroquial hasta el siglo XVIII. Su historia se hunde en la Edad Media, con algunas teorías, aunque no demostradas, que sugieren un posible origen romano en parte de su construcción. Emplazada en un altozano del cerro de los Picos, en la Tebaida leonesa, su ubicación no es casual; actúa como un mirador excepcional hacia los Montes Aquilianos y se considera una puerta de entrada al místico Valle del Silencio, un área célebre por su densidad de construcciones eremíticas medievales.
Arquitectura y Legado Espiritual
Lo que queda de la Ermita de Folibar permite adivinar su antigua sencillez y robustez. Se trataba de un edificio de planta rectangular con una sola nave, construido en mampostería de esquisto, un material característico de la zona. El elemento más destacado que ha sobrevivido es su torre campanario de planta cuadrangular y tres cuerpos, que se alza como un centinela de piedra. El cuerpo inferior albergaba el acceso, mientras que el superior presenta los vanos que un día contuvieron las campanas, hoy trasladadas a la iglesia de San Esteban de Valdueza. Este diseño refleja su antigua función como parroquia, un faro espiritual para las comunidades aledañas.
En su interior se veneraba una talla de la Virgen de Folibar, una imagen gótica datada en la primera mitad del siglo XIV. Tras el abandono de la ermita, la imagen fue trasladada para su protección y custodia. Hoy, esta valiosa pieza de arte sacro se conserva en una hornacina del retablo mayor de la iglesia parroquial de San Esteban de Valdueza. Por lo tanto, quienes deseen conocer el corazón devocional de Folibar y se pregunten por los horarios de misas para poder admirar la talla, deben dirigirse a la iglesia principal del pueblo.
El Contraste: Valor Histórico Frente al Abandono
El principal aspecto negativo de la Ermita de Folibar es su avanzado estado de ruina. Las opiniones de los visitantes coinciden en un punto crucial: la falta de un cuidado y mantenimiento constantes que pongan en valor este importante bien patrimonial. Comentarios como "es una pena que esté sin cuidar ni limpiar" reflejan una frustración compartida ante el deterioro de un monumento que es parte de la identidad local. El abandono se hizo patente ya en el siglo XIX, pues no aparece mencionada en el Diccionario Geográfico de Pascual Madoz de 1845, lo que sugiere que su declive comenzó en esa época.
Sin embargo, este abandono institucional contrasta fuertemente con el aprecio de la comunidad. La ermita no solo fue un lugar de culto, sino también un espacio cívico fundamental. Sus muros sirvieron, desde tiempo inmemorial, como escenario para reuniones vecinales donde se debatían los asuntos de gobierno de los pueblos del antiguo ayuntamiento. Este doble carácter, religioso y civil, la convierte en un símbolo poderoso de la vida en la comarca. A pesar de su estado, los vecinos la siguen considerando una "reliquia devocional", un lugar al que les une un profundo vínculo sentimental. Este cariño se ha materializado en acciones directas, como las "facenderas" o jornadas de trabajo comunitario organizadas por asociaciones como PROMONUMENTA y vecinos de la zona para limpiar la maleza, desbrozar el entorno y recolocar algunas piedras de sus muros para frenar su colapso.
Una Visita con Perspectiva
Para el potencial visitante, la Ermita de Folibar ofrece una experiencia distinta a la de visitar iglesias convencionales. No encontrarán servicios religiosos ni un edificio en pleno funcionamiento. En su lugar, descubrirán un espacio cargado de historia, ideal para la fotografía, la reflexión y el senderismo. Es una de esas iglesias con historia que hablan a través de su silencio y de las cicatrices en sus muros de piedra.
El atractivo del lugar se resume en varios puntos clave:
- Valor paisajístico: Su enclave entre viñedos y con vistas panorámicas la convierte en un destino perfecto para disfrutar de la naturaleza del Bierzo.
- Interés histórico y arquitectónico: Es un testimonio tangible de la arquitectura religiosa rural medieval y de la historia de la Tebaida leonesa.
- Potencial fotogénico: La belleza de sus ruinas, combinada con el entorno natural, ofrece innumerables oportunidades para capturar imágenes impactantes.
- Conexión espiritual: A pesar de su estado, el lugar conserva un aura de paz y devoción que muchos visitantes encuentran conmovedora.
Recientemente, se ha informado de un proyecto de reconstrucción de la ermita-torre, declarado Bien de Interés Cultural (BIC), lo que podría suponer un punto de inflexión en su futuro y una esperanza para su recuperación definitiva. Mientras tanto, la Ermita de Folibar permanece como un recordatorio de la fragilidad del patrimonio y de la importancia de la implicación comunitaria para su salvaguarda, ofreciendo una visita que es, a la vez, una lección de historia y un llamado a la acción.