Ermita de Castro
AtrásLa Ermita de Castro, situada en el concejo asturiano de Onís, es uno de esos lugares que genera opiniones encontradas, un destino que parece oscilar entre el encanto rústico y el abandono. Para el visitante potencial, es crucial entender esta dualidad, ya que la experiencia dependerá en gran medida de las expectativas. No es un templo convencional con servicios regulares; es más bien un objetivo para una caminata, un punto de interés enclavado en la naturaleza que requiere un esfuerzo y una mentalidad particular para ser apreciado.
El Acceso: Una Aventura en Sí Misma
Uno de los puntos más consistentemente mencionados por quienes la han visitado es la dificultad para llegar. No se trata de un paseo accesible para todos. El camino implica una notable cuesta arriba, en parte sobre una pista de hormigón, que puede resultar exigente. Sin embargo, el principal obstáculo no es el esfuerzo físico, sino la orientación. Las críticas sobre la señalización son recurrentes y severas; se describe como deficiente, con indicaciones en viejas tablas de madera cuyos textos se han vuelto casi ilegibles por el paso del tiempo. Varios visitantes relatan la frustración de no encontrar un sendero directo y bien marcado, lo que convierte la búsqueda de la ermita en un pequeño desafío. Para aquellos interesados en cómo llegar a iglesias rurales, este es un caso de estudio sobre la importancia de la preparación previa, quizás utilizando coordenadas GPS, en lugar de confiar en las señales del camino.
Por otro lado, hay quien describe este mismo trayecto como un "precioso camino", lo que sugiere que para los amantes del senderismo y la naturaleza, el entorno puede compensar con creces la falta de indicaciones. La ruta, que se puede iniciar desde el aparcamiento de la Cueva de Fauna Glacial en Avín, tiene una longitud aproximada de 3 kilómetros y un desnivel de 175 metros. Atraviesa zonas de matorral y sigue la pista hormigonada, ofreciendo una inmersión en el paisaje asturiano. Esta perspectiva positiva choca frontalmente con la de otros visitantes que, tras el esfuerzo, encontraron que el destino "carece de todo encanto".
El Estado de Conservación: Belleza y Negligencia
Una vez alcanzada la ermita, la sensación agridulce continúa. El edificio en sí es descrito como pequeño pero bonito, una construcción de piedra con un encanto innegable, típico de las parroquias y ermitas de la montaña asturiana. En su interior, quienes han podido verlo, mencionan la existencia de una "preciosa imagen", un detalle que habla de su valor devocional. Sin embargo, este encanto se ve empañado por el estado de sus alrededores. Múltiples testimonios coinciden en que la zona parece descuidada. El prado que rodea la capilla a menudo está sin segar, invadido por la maleza y una vegetación frondosa que llega a cerrar parte del sendero. Esta apariencia de abandono lleva a algunos a calificarla directamente como "un poco abandonada", una percepción que se ve reforzada por el hecho de que la ermita suele encontrarse cerrada, limitando la visita a la contemplación de su exterior.
Esta falta de mantenimiento es un punto crítico. Mientras que la estructura arquitectónica parece resistir, el entorno inmediato desmerece la experiencia y puede generar una sensación de decepción, especialmente después de una caminata exigente. La imagen de una verja de plástico verde en la entrada, mencionada en una reseña, encapsula esta contradicción: un elemento funcional y moderno que choca con la estética rústica y atemporal que se espera de un lugar así.
Vida Litúrgica y Horarios de Misas
Quienes busquen información sobre los Horarios de Misas en la Ermita de Castro deben saber que no funciona como una iglesia parroquial al uso. No existen servicios religiosos regulares, misas dominicales ni un horario de confesiones. Su carácter es más bien el de un santuario ligado a una devoción específica y a eventos puntuales. La información disponible indica que la ermita cobra vida durante las Fiestas de Nuestra Señora del Castro, que se celebran en Benia de Onís. El día 15 de agosto, la imagen de la Virgen es llevada en procesión desde la iglesia parroquial hasta la ermita, en una romería que recorre los aproximadamente dos kilómetros de subida. Este es, probablemente, el único momento del año en que se puede participar en celebraciones litúrgicas en este lugar, congregando a los devotos de la comarca vestidos con trajes tradicionales.
Por tanto, para el visitante o feligrés que desee buscar misas cercanas, la Ermita de Castro no será una opción viable en un día cualquiera. Su valor espiritual se manifiesta en la tradición y la romería anual, más que en el culto diario o semanal. Es un destino para la peregrinación personal, la contemplación silenciosa o la participación en una festividad muy concreta.
Análisis Final: ¿Merece la Pena la Visita?
La decisión de visitar la Ermita de Castro depende enteramente del perfil del visitante. A continuación, se resumen los puntos clave a considerar:
- Puntos a favor:
- Entorno natural ideal para una caminata o ruta de senderismo corta.
- La ermita posee una arquitectura rústica y fotogénica.
- Ofrece una experiencia de tranquilidad y aislamiento, lejos de los circuitos turísticos masificados.
- La romería del 15 de agosto es una oportunidad única para vivir una tradición local auténtica.
- Puntos en contra:
- Señalización muy deficiente y riesgo de perderse o tener dificultades para encontrarla.
- El entorno inmediato está descuidado, con maleza y vegetación excesiva.
- La ermita suele estar cerrada, impidiendo la visita a su interior.
- No es accesible para personas con movilidad reducida debido a la cuesta y el tipo de camino.
- Ausencia total de servicios religiosos regulares, limitándose su uso a fiestas patronales.
la Ermita de Castro es un destino para el caminante aventurero, el fotógrafo de paisajes rurales o el devoto que participa en su romería anual. No es recomendable para quien busca un lugar de fácil acceso, un monumento perfectamente conservado o una de las iglesias en Asturias donde asistir a misa. Es un lugar con un potencial indudable, cuya belleza natural y arquitectónica se ve lastrada por una aparente falta de cuidado y una señalización que deja mucho que desear. Acercarse a ella es aceptar sus condiciones: un pequeño esfuerzo a cambio de un momento de paz en un rincón semiolvidado de la montaña asturiana.