Capilla de Santa Ana
AtrásUbicada en las estribaciones del monte Corbero, en el antiguo barrio de pescadores de Ribadesella, la Capilla de Santa Ana se presenta como un testimonio silencioso de la historia marítima y religiosa de la villa. No es un templo grandioso ni un punto focal obvio para el turismo de masas; su encanto reside precisamente en su discreción y en las historias que guardan sus muros de mampostería y sillares. Quienes la buscan, a menudo la encuentran casi por sorpresa, en una calle estrecha y escalonada, pegada a la montaña que vio nacer las primeras casas del "Portus".
La experiencia de los visitantes es a menudo un reflejo de esta naturaleza dual. Hay quienes, como una visitante reciente, la describen con sencillez como "muy pequeñita y escondida", pero que precisamente por esa simplicidad le resultó encantadora. Otros, sin embargo, se han llevado una impresión menos favorable, señalando que estaba cerrada, que "no tiene mucho para ver" y que su aspecto es "un poco antiguo". Esta percepción de cierto abandono es recurrente, con comentarios que la definen como "pequeña, antigua, bonita y un poco abandonada". Estas opiniones, aunque contrastantes, dibujan la imagen de un lugar con un potencial innegable pero cuya puesta en valor actual puede no estar a la altura de su legado.
Un Legado Vinculado al Mar y a la Fe
Para comprender la verdadera dimensión de la Capilla de Santa Ana, es imprescindible mirar más allá de su modesta fachada y sumergirse en su pasado. Su relevancia histórica es considerable, destacando dos aspectos fundamentales: su rol como sede del "Gremio de Mareantes" y su posición en el Primitivo Camino de Santiago. El Gremio de Mareantes, la cofradía que agrupaba a los marineros y pescadores, fue una institución de gran poder e influencia en la vida de Ribadesella. Que esta capilla fuera su sede la convierte en el corazón espiritual de la comunidad marinera que forjó la identidad de la villa. Era aquí donde se tomaban decisiones, se buscaba protección divina antes de zarpar y se encomendaban las almas de quienes trabajaban en la mar.
Su arquitectura, aunque sencilla, es funcional y simbólica. El acceso a través de una doble escalinata y sus cimientos, que parecen brotar de la misma roca de la montaña, le confieren una solidez que evoca la fortaleza de la fe de los marineros. Fue rehabilitada en tiempos recientes por iniciativa del párroco Don Eugenio Campandegui, un esfuerzo por preservar este importante legado. Sin embargo, las opiniones mixtas sobre su estado actual sugieren que el mantenimiento de estos tesoros patrimoniales es una tarea constante y compleja.
El Peregrino y la Capilla: Un Punto en el Camino
La capilla no solo servía a los locales; también era un hito para los peregrinos. Situada en la ruta del Primitivo Camino de Santiago, marcaba un punto crucial del trayecto. Antiguamente, el peregrino, tras pasar por la Calle Trasmarina, debía dirigirse desde aquí hacia la Rambla de la Barca para poder cruzar la Ría del Sella y continuar su viaje. Para ellos, Santa Ana no era solo un lugar de oración, sino una referencia geográfica y espiritual que les indicaba el camino a seguir, un pequeño faro de fe en su larga travesía.
La Realidad de la Visita: ¿Abierta o Cerrada?
Uno de los aspectos más problemáticos para el visitante actual, especialmente para aquel interesado en las Iglesias y Horarios de Misas, es la accesibilidad de la capilla. La queja más común es encontrarla cerrada. La falta de un horario de apertura regular y la escasa información disponible al respecto es un inconveniente significativo. Mientras que otras parroquias en Ribadesella, como la de Santa María Magdalena, publican sus horarios de culto, la Capilla de Santa Ana parece funcionar de manera más esporádica, quizás abriendo solo para eventos concretos como la festividad de su patrona. Esta situación limita enormemente la experiencia, reduciéndola en muchos casos a una simple contemplación exterior.
Para el viajero que busca conectar con el patrimonio religioso de Asturias, esta falta de acceso es una oportunidad perdida. La posibilidad de entrar, de sentir la atmósfera del lugar que fue centro neurálgico del Gremio de Mareantes, o de imaginar a los peregrinos medievales deteniéndose a rezar, queda truncada por una puerta cerrada. Es un lugar que se intuye más de lo que se vive, que promete una historia fascinante que solo puede ser contada desde fuera.
Valoración Final: Un Tesoro Escondido con Asignaturas Pendientes
En definitiva, la Capilla de Santa Ana es una pieza clave del puzle histórico y cultural de Ribadesella, pero una pieza que no siempre es fácil de apreciar en su totalidad. Sus puntos fuertes son innegables:
- Relevancia histórica: Su vínculo con el Gremio de Mareantes y el Camino de Santiago es de un valor incalculable.
- Ubicación con encanto: Situada en el antiguo barrio marinero, ofrece una estampa pintoresca y auténtica.
- Arquitectura singular: Su integración en la roca y su construcción tradicional son de gran interés.
Por otro lado, sus debilidades son igualmente claras:
- Accesibilidad limitada: La principal crítica es que suele estar cerrada, sin un horario de misas o visitas claro y público.
- Estado de conservación percibido: A pesar de rehabilitaciones pasadas, algunos visitantes la perciben como algo descuidada o envejecida.
- Falta de información: Es difícil encontrar datos actualizados sobre su apertura, lo que puede causar frustración a quienes planifican su visita.
La Capilla de Santa Ana es, por tanto, un destino recomendado para los viajeros pacientes, los amantes de la historia y aquellos que disfrutan descubriendo los rincones menos evidentes de un lugar. No es una visita para quien busca la grandiosidad monumental, sino para quien valora la sencillez, la historia y la atmósfera de un lugar que ha sido, durante siglos, un refugio para las gentes del mar y los caminantes de la fe. Acercarse a ella es un pequeño peregrinaje en sí mismo, aunque con la incertidumbre de si sus puertas permitirán completar el viaje.