Capilla de San Juan

Capilla de San Juan

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Bo. Regada, 5, 33774 San Tirso de Abres, Asturias, España
Capilla Iglesia
8 (6 reseñas)

La Capilla de San Juan, situada en el núcleo de El Llano, dentro del concejo de San Tirso de Abres, es una de esas construcciones que, a simple vista, podría pasar por una más de las modestas ermitas rurales que salpican el paisaje asturiano. Sin embargo, detrás de sus muros de piedra se esconde una historia de una riqueza y singularidad excepcionales, un testimonio fascinante de la superposición de creencias y culturas a lo largo de los siglos. No es un templo para quien busca grandiosidad arquitectónica, sino para aquel interesado en la profunda historia de iglesias y las tradiciones populares que han moldeado la fe y la vida de sus gentes.

Su origen se remonta probablemente al siglo XVI, y su historia está íntimamente ligada al cercano Palacio de Amaido. A nivel estructural, es una capilla de una sola nave, sencilla y funcional, dividida en dos espacios principales, con un área tras el altar que se ha descrito como una especie de deambulatorio primitivo. Sin embargo, el verdadero tesoro de este lugar no reside en su arquitectura, sino en un elemento que la convierte en un caso de estudio sobre sincretismo religioso: un antiguo miliario romano anclado en el suelo de su ábside.

El Miliario Romano: Un Altar Pagano en Territorio Cristiano

El elemento más distintivo de la Capilla de San Juan es, sin duda, esta piedra de origen romano. Un miliario era una columna o mojón que los romanos utilizaban para marcar las distancias en sus calzadas, indicando cada mil pasos (una milla romana). Encontrar uno de estos artefactos arqueológicos es notable, pero hallarlo integrado de forma deliberada en el espacio más sagrado de una iglesia cristiana, el ábside, es extraordinariamente inusual y revelador. Esta integración es la prueba material de una mezcla de cultos, un fenómeno común en Asturias, donde antiguas creencias paganas, a menudo vinculadas a la naturaleza o a elementos celtas, fueron asimiladas por el cristianismo a lo largo de los siglos.

La presencia de este miliario dio lugar a un ritual de sanación que atrajo a peregrinos durante generaciones, al menos desde finales del siglo XVI hasta bien entrado el siglo XX. La tradición, documentada por varias fuentes, consistía en un proceso muy específico destinado a curar las afecciones de cabeza, especialmente las cefaleas. Los fieles acudían a la capilla con un canto rodado que frotaban contra el miliario romano. El polvillo resultante se consideraba milagroso. Este polvo era cuidadosamente recogido y aplicado sobre la cabeza de la persona enferma. El rito culminaba introduciendo la cabeza en un orificio practicado en uno de los muros de la capilla, mientras se rezaban una serie de oraciones. La fama de estas curaciones se extendió por toda la comarca y la vecina mariña gallega, convirtiendo a esta humilde capilla en un importante foco de peregrinación local.

La Fe Popular y sus Testimonios

La devoción era tal que los peregrinos no solo acudían en busca de una cura, sino que también regresaban en señal de agradecimiento. Se sabe que, una vez sanados, volvían para depositar exvotos, pequeñas ofrendas que representaban la parte del cuerpo que había sido curada. Estas figuras, hechas de cera o incluso de miga de pan, son un testimonio conmovedor de la fe popular y de la importancia que este lugar sagrado tenía en la vida cotidiana de las comunidades rurales. Este tipo de prácticas, que combinan un objeto pagano (el miliario) con oraciones cristianas y un ritual físico, son un ejemplo perfecto de cómo las personas adaptaron y fusionaron sus creencias para dar sentido a su mundo y buscar consuelo a sus dolencias.

El Contraste: Riqueza Histórica vs. Acceso Limitado

A pesar de su innegable valor histórico y cultural, el principal inconveniente que cualquier visitante potencial debe conocer es la dificultad de acceso al interior de la Capilla de San Juan. Las reseñas de visitantes y la información disponible coinciden en un punto crítico: la capilla permanece cerrada la mayor parte del tiempo. Esta es una fuente de frustración considerable, ya que los elementos más interesantes –el miliario y el orificio en el muro– se encuentran en su interior. Los visitantes suelen tener que conformarse con admirar su bonita y sencilla estampa exterior y, con suerte, atisbar algo del modesto interior a través de alguna abertura.

Esta falta de acceso regular impide que se puedan establecer unos horarios de misas fijos. Quienes busquen una iglesia cerca de mí para asistir a un servicio religioso deberán dirigirse a otras parroquias cercanas, como la Iglesia de San Salvador, el templo principal del concejo. La Capilla de San Juan no es un lugar de culto activo en el sentido convencional; su valor es primordialmente patrimonial. La posibilidad de encontrarla abierta se limita a fechas muy concretas, probablemente ligadas a las fiestas patronales de San Juan, que, curiosamente, son las principales del concejo a pesar de que el patrón oficial es San Salvador. Esta relevancia de la festividad de San Juan subraya aún más la importancia histórica de la capilla para la comunidad.

El Estado del Patrimonio Interior

Otro aspecto a considerar es el estado de conservación de su patrimonio mueble. La capilla albergaba un retablo barroco que, según diversas fuentes, se encuentra actualmente desmantelado y en un estado precario. Aunque se conservan algunas de las imágenes que lo componían, y que incluso se han atribuido al imaginero Gregorio Fernández, la situación del retablo añade una nota agridulce. Por un lado, la historia del lugar es fascinante; por otro, tanto la inaccesibilidad como el estado de conservación de sus elementos interiores limitan la experiencia del visitante y suponen un reto para la puesta en valor de este singular edificio.

¿Merece la Pena la Visita?

La respuesta depende enteramente de las expectativas del visitante. Si lo que se busca es asistir a misas hoy o encontrar un templo abierto para la oración, la Capilla de San Juan no es el destino adecuado. Sin embargo, para los amantes de la historia, la antropología y las tradiciones rurales, es una parada casi obligatoria si se encuentran en la comarca de Oscos-Eo. Su historia sobre el sincretismo religioso es potente y tangible. El simple hecho de saber que tras esos muros se encuentra una piedra que marcó una calzada romana y que, siglos después, se convirtió en el centro de un rito de sanación, es suficiente para despertar la imaginación.

La visita se convierte en un ejercicio de contemplación exterior y de reflexión sobre la profunda conexión entre el paisaje, la historia y la fe. Es recomendable documentarse previamente sobre su historia para apreciar plenamente el significado del edificio. Aunque no se pueda entrar, conocer el relato del miliario y los peregrinos transforma la percepción de esta modesta capilla, convirtiéndola en un lugar cargado de significado y misterio.

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