Capilla de la Cruz de Rodríguez Moure (San Cristóbal de La Laguna)
AtrásUbicada en la histórica Calle Anchieta de San Cristóbal de La Laguna, la Capilla de la Cruz de Rodríguez Moure se presenta como un testimonio singular de la devoción y la historia local. A diferencia de las grandes parroquias y la catedral que dominan el paisaje espiritual de la ciudad, esta capilla ofrece una experiencia más íntima y particular, aunque no exenta de complejidades para el visitante o fiel que busca participar en su vida litúrgica. Su valor reside tanto en su patrimonio tangible como en la historia de las personas que la hicieron posible, una narrativa que define tanto sus virtudes como sus limitaciones.
La capilla no es un templo de grandes dimensiones ni una construcción aislada; es una obra integrada en la arquitectura urbana de La Laguna, reconocible por su imponente puerta de cuarterones enmarcada en un arco de medio punto de piedra labrada. Esta sencillez estructural, con una cubierta a cuatro aguas, esconde una historia de altibajos que se remonta a 1757, cuando el obispo Fray Valentín de Morán otorgó la licencia para su construcción a petición de un grupo de vecinos, liderados por el labrador Diego Hernández de Villavicencio. Su origen está vinculado a una devoción popular, la de la Cruz de Yedra, una cruz callejera que motivó la creación de un espacio de culto formal. La capilla fue bendecida en 1758, y su fundador aseguró su mantenimiento dotándola con las rentas de varias tierras.
Una historia de abandono y renacimiento
El primer aspecto negativo en la trayectoria de este lugar de culto fue su temprano declive. Tras la muerte de sus promotores originales, los herederos descuidaron su mantenimiento, lo que condujo a su cierre a principios del siglo XIX. Este periodo de abandono podría haberla condenado al olvido, como a tantos otros pequeños lugares de devoción. Sin embargo, su resurgimiento en 1841 marca el capítulo más definitorio de su identidad actual. La iniciativa del sacerdote Cándido Rodríguez Suárez y, posteriormente, el cuidado de Isidoro Rodríguez Delgado y su esposa Antonia Moure y Saavedra, sentaron las bases para que su hijo, el presbítero José Rodríguez Moure, se convirtiera en su principal benefactor y en la figura que le daría el nombre por el que es conocida hoy.
Aquí radica uno de los puntos más valiosos de la capilla: su vínculo directo con una de las personalidades más insignes de la historia cultural de La Laguna. José Rodríguez Moure (1855-1936) no fue solo un sacerdote; fue un aclamado historiador, jurista, novelista y el primer Cronista Oficial de la ciudad. Su labor de investigación y su pasión por la historia religiosa de Tenerife y La Laguna le llevaron a reunir un archivo documental de incalculable valor, donado en gran parte a la Real Sociedad Económica de Amigos del País de Tenerife. Fue él quien enriqueció notablemente el patrimonio artístico de la capilla, aumentando la devoción de los vecinos y asegurando su preservación. Este legado convierte a la capilla en algo más que un simple lugar de oración; es un monumento a la memoria de un erudito que dedicó su vida a preservar la historia de su tierra.
El gran inconveniente: la falta de información sobre Iglesias y Horarios de Misas
A pesar de su rica historia, quienes se acerquen a la Capilla de la Cruz de Rodríguez Moure buscando servicios religiosos regulares se encontrarán con un obstáculo significativo. La principal desventaja de este comercio, desde la perspectiva de un feligrés o un visitante interesado en la liturgia, es la ausencia total de información pública sobre los horarios de misas. No es una parroquia activa en el sentido convencional, con un calendario de celebraciones publicitado. Las búsquedas de misas hoy en esta capilla resultan infructuosas, y no aparece en los listados habituales de horarios de misas en La Laguna que sí detallan los servicios de la Catedral de Nuestra Señora de los Remedios o la Parroquia de la Concepción.
Esta situación sugiere que la capilla tiene un uso privado o muy restringido, posiblemente limitado a eventos familiares de los descendientes o a celebraciones muy puntuales y no anunciadas al público general. Para un potencial cliente o visitante, esto es un punto decididamente negativo. La imposibilidad de planificar una visita para asistir a una misa o para encontrar un momento de recogimiento en su interior limita su función como lugar de culto accesible. La única reseña disponible, aunque le otorga una calificación perfecta de 5 estrellas, carece de texto, lo que impide obtener más detalles sobre la experiencia de visita. Podría ser el testimonio de alguien que la valora por su belleza exterior o por su significado histórico, más que por su actividad religiosa.
Patrimonio artístico y qué esperar al visitarla
Aunque la participación en servicios religiosos sea improbable, la capilla sigue siendo un punto de interés. Quienes paseen por la Calle Anchieta pueden admirar su arquitectura exterior y entenderla como parte del conjunto histórico de La Laguna. En su interior, aunque no sea fácilmente accesible, se custodian piezas de valor que el propio Rodríguez Moure ayudó a incorporar. Entre ellas destacan la cruz titular de la capilla, una imagen de la Divina Pastora y un cuadro de la Adoración de los Pastores que procede directamente de la casa familiar de los Rodríguez Moure. Estos elementos artísticos son un reflejo del esmero de su benefactor por dotarla de un patrimonio digno.
Para aquellos interesados en las iglesias en San Cristóbal de La Laguna, la Capilla de Rodríguez Moure debe ser entendida más como un hito histórico y arquitectónico que como un centro pastoral activo. Su valor es innegable, pero su función es diferente. Es un lugar que cuenta una historia de devoción vecinal, abandono y la recuperación gracias a la erudición y el compromiso de una familia ilustre. Los visitantes deben ajustar sus expectativas: es un lugar para ser admirado desde fuera, para ser investigado en la historia de la ciudad y para ser apreciado como el legado de una figura clave en la cultura canaria. La búsqueda de iglesias y horarios de misas deberá dirigirse a otros templos más grandes y con una vida parroquial pública y organizada en la ciudad.