Capilla de la Santísima Trinidad de Villareo
AtrásUbicada en una posición elevada en Villareo, Santullano, la Capilla de la Santísima Trinidad se presenta como un testimonio silencioso de la historia y la arquitectura barroca rural de Asturias. Fundada en 1665, esta construcción está intrínsecamente ligada al adyacente Palacio del Vizconde de Heredia, habiendo sido erigida por la misma familia. Sin embargo, la información oficial que a veces la cataloga como un lugar operativo choca frontalmente con la realidad que describen sus visitantes, quienes pintan un cuadro de abandono y deterioro progresivo. Para aquellos que buscan información sobre iglesias y horarios de misas en la zona de Mieres, es fundamental comprender la situación actual de este emblemático lugar.
Un Legado Histórico y Arquitectónico en Riesgo
La capilla, de notables dimensiones para su carácter palaciego, posee una planta de cruz latina y un pórtico a los pies que todavía hoy deja entrever la belleza de su concepción original. Uno de los elementos más destacados, y frecuentemente mencionado por quienes se acercan a ella, es la portería de madera finamente trabajada que cierra este pórtico. Pese a su evidente deterioro por la falta de mantenimiento y la exposición a los elementos, este enrejado de madera es descrito como una pieza preciosa, un vestigio de la artesanía de la época. La estructura general, construida en mampostería con sillares reforzando esquinas y vanos, se completa con una espadaña de un solo ojo. La cubierta de teja curva, con su alero de madera y canecillos, es una de las partes que presenta un peor estado de conservación.
La historia de la capilla es rica y está vinculada a las aspiraciones de la familia Heredia. En 1665, la ermita original mejoró su rango eclesiástico, obteniendo autorización para la celebración de sacramentos, como respuesta a una rivalidad con los dueños del Palacio de Figaredo, que obligaba a los Heredia a pasar bajo sus dominios para asistir a misa. Este dato subraya la importancia social y religiosa que el templo tuvo en su momento. Incluso su pórtico llegó a ser utilizado como escuela para el pueblo cuando no existía un edificio dedicado a tal fin. En su interior, además de un retablo con una inscripción que data una restauración en 1694, se encuentra el sarcófago con los restos de Bernardo Aza, fallecido en 1936.
La Cruda Realidad: Abandono y Deterioro
A pesar de su valioso pasado, la opinión de los visitantes es unánime: la Capilla de la Santísima Trinidad se encuentra en un estado de total abandono. Las palabras "arruinado" y "lástima" se repiten en las descripciones de quienes han subido la empinada cuesta para contemplarla. Existe una preocupación palpable de que, si no se interviene, la estructura acabará por colapsar, perdiéndose así una parte importante del patrimonio local. Esta situación la excluye por completo de cualquier buscador de misas o guía de servicios religiosos activos. Quienes busquen asistir a una misa dominical o a celebraciones como la misa del gallo deberán dirigirse a otras parroquias de Asturias que sí se encuentren en pleno funcionamiento.
El acceso al lugar no es sencillo. Los visitantes mencionan una "cuesta matadora", un esfuerzo físico que, si bien se ve recompensado por las vistas panorámicas desde la colina, también acentúa la sensación de aislamiento y olvido en la que se encuentra el edificio. La capilla está cerrada, y su uso actual es nulo, una realidad que contrasta con su potencial como foco de interés cultural y turístico.
El Entorno: Un Palacio Inaccesible y Vistas Privilegiadas
Junto a la capilla se erige el imponente Palacio del Vizconde de Heredia, una construcción de los siglos XVII y XVIII que también forma parte del conjunto. Sin embargo, este palacio es de titularidad privada y se encuentra cercado por un muro que impide el acceso, lo que suma un punto de frustración para el visitante interesado en la historia completa del lugar. La combinación de una capilla abandonada y un palacio inaccesible crea una atmósfera de oportunidad perdida.
No todo es negativo en la experiencia. El punto fuerte indiscutible de la visita son las vistas panorámicas. La posición elevada de la capilla ofrece una perspectiva privilegiada del entorno, un atractivo que persiste a pesar del estado del edificio. Para los amantes de la fotografía, la historia o la arquitectura en decadencia, el lugar tiene un encanto melancólico y una belleza innegable. Es un destino no para el feligrés que busca una misa hoy, sino para el explorador del patrimonio que desea conectar con el pasado y reflexionar sobre la fragilidad de la herencia cultural.
¿Qué Esperar de una Visita?
Visitar la Capilla de la Santísima Trinidad de Villareo es una experiencia agridulce. Por un lado, permite apreciar una joya del barroco rural asturiano y disfrutar de un paisaje excepcional. Por otro, es un encuentro directo con la desidia y el paso del tiempo sobre el patrimonio. No se encontrarán horarios de misas ni servicios religiosos, sino las ruinas de un templo que fue centro de la vida social y espiritual de su comunidad. Es una visita recomendada para quienes valoran la historia por encima de la funcionalidad, para aquellos que pueden ver la belleza en la decadencia y que desean rendir un último homenaje a un edificio que clama por atención antes de desaparecer por completo.