Ermita del Sepulcro

Ermita del Sepulcro

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50540 Borja, Zaragoza, España
Iglesia Iglesia católica
10 (2 reseñas)

La Ermita del Sepulcro, situada en la localidad zaragozana de Borja, representa una de esas construcciones que, si bien hoy pueden pasar desapercibidas para el visitante casual, encierran una notable historia de devoción popular y un patrimonio artístico que ha cambiado de ubicación con el tiempo. Construida por iniciativa privada a finales del siglo XVII y principios del XVIII, su principal atractivo no reside actualmente entre sus muros, lo cual constituye su mayor virtud y, paradójicamente, su principal inconveniente.

Un Origen Singular: La Devoción de un Sastre

A diferencia de muchas otras iglesias en Borja, la Ermita del Sepulcro no nació de una orden eclesiástica o del patronazgo de una gran familia noble. Su origen es más humilde y, por ello, más elocuente sobre la fe de la época. Fue Bernardo Polo, un sastre de la localidad, quien impulsó la construcción de este templo. Este dato, precisado gracias a investigaciones históricas que lo diferencian de su hijo homónimo, revela el profundo calado de la devoción particular en la configuración del patrimonio religioso local. La ermita se erigió con un propósito claro: albergar y fomentar el culto a una imagen de Cristo yacente, una pieza central en las celebraciones de la Semana Santa.

La edificación en sí misma es de estilo barroco, con una nave única y bóveda de cañón con lunetos, una arquitectura sobria que buscaba centrar la atención en el conjunto escultórico que albergaba. Su emplazamiento, en el camino hacia el Santuario de Misericordia, le otorgaba un lugar estratégico en la ruta de peregrinación y devoción de los borjanos. A lo largo de su historia, junto a la ermita existió una casa para el ermitaño y estuvo rodeada por el primer cementerio extramuros de la ciudad, construido bajo el reinado de Carlos III para sacar los enterramientos del interior de los templos, aunque fue abandonado en el siglo XIX.

El Tesoro Artístico: Una Ausencia Notable

El principal punto de interés para cualquier persona interesada en el arte sacro que se acerque a la Ermita del Sepulcro es, precisamente, lo que ya no está allí. El templo fue concebido como el cofre para una joya escultórica de gran valor: un Cristo yacente realizado en terracota por el escultor Gregorio de Mesa en 1703. Esta obra, de una calidad excepcional, era el foco de la veneración en la ermita. Junto a esta imagen principal, se encontraban las figuras de San Juan Evangelista y una Virgen Dolorosa.

Esta última imagen de la Virgen presenta una característica sumamente particular y de gran interés: es una imagen articulada. Sus brazos y cabeza pueden moverse, una funcionalidad diseñada para las representaciones del Descendimiento de la Cruz durante la Semana Santa. Este tipo de imágenes son relativamente infrecuentes y constituyen un valioso testimonio de la teatralidad y la vivencia participativa de la liturgia en siglos pasados.

Sin embargo, y este es el aspecto crucial para el visitante actual, este valioso conjunto escultórico ya no se encuentra en la ermita. Para garantizar su mejor conservación y exposición, fue trasladado y actualmente se puede contemplar en una capilla del claustro de la antigua Colegiata de Santa María de Borja. Por lo tanto, quien visite la ermita buscando estas piezas saldrá decepcionado. La visita debe entenderse como un prólogo a la historia que culmina en el museo de la colegiata.

Lo Positivo y lo Negativo de la Ermita del Sepulcro

Aspectos a Valorar

  • Valor Histórico: La ermita es un testimonio tangible de la iniciativa y la fe de los ciudadanos de a pie, en este caso, del sastre Bernardo Polo. Representa un capítulo de la historia social y religiosa de Borja.
  • Contexto Paisajístico: Su ubicación en la subida al Santuario de Misericordia la integra en un recorrido de interés cultural y paisajístico, ofreciendo una parada en el camino.
  • Potencial Educativo: La historia del traslado de sus bienes muebles sirve para explicar la importancia de la conservación del patrimonio y cómo los espacios museísticos, como el de la Colegiata de Santa María, se han convertido en los guardianes de estas obras.

Aspectos a Mejorar y Puntos Débiles

El principal punto negativo es, sin duda, la falta de su contenido original. Un visitante que no disponga de la información previa puede sentir que ha encontrado un cascarón vacío, bello por fuera pero desprovisto de su alma artística. Esta circunstancia, aunque justificada por motivos de conservación, deja al edificio en una posición secundaria.

Otro inconveniente significativo es la dificultad para encontrar información sobre los horarios de misas o de apertura. Las búsquedas para un calendario de misas específico para la Ermita del Sepulcro resultan infructuosas. No parece formar parte del circuito regular de las parroquias de Borja con un horario de misas dominicales fijo y público. Esta ausencia de información sobre el culto es un gran obstáculo para quienes deseen visitarla con fines religiosos y no solo turísticos. Es recomendable contactar directamente con la oficina de turismo de Borja o la parroquia de Santa María para saber si la ermita abre en ocasiones especiales, como durante la Semana Santa, o si es posible concertar una visita.

¿Merece la Pena la Visita?

La respuesta depende de las expectativas del visitante. Si lo que se busca es buscar misa en un templo con actividad litúrgica regular, la Ermita del Sepulcro no es la opción adecuada. Su valor actual es primordialmente histórico y arquitectónico. Es una visita recomendada para quienes estén realizando un recorrido completo por el patrimonio de Borja, para los interesados en la historia del arte que quieran conocer el emplazamiento original de las obras de Gregorio de Mesa, y para aquellos que disfrutan de los lugares con una historia particular.

La visita a la ermita debería ser complementada, de forma casi obligatoria, con la visita a la Colegiata de Santa María para admirar el Cristo yacente y el resto del conjunto escultórico. Solo así se obtiene una comprensión completa del legado de Bernardo Polo y del significado original de este pequeño pero significativo templo borjano. La ermita, que según noticias de 2017 iba a ser objeto de un plan de restauración, se mantiene como un hito en el paisaje cultural de la ciudad, un recordatorio silencioso de una fe que se hizo piedra y arte, aunque ese arte ahora resida en otro lugar.

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