Iglesia de San Policarpo
AtrásEnclavada en la pequeña localidad oscense de Araguás del Solano, dentro del municipio de Jaca, se encuentra la Iglesia de San Policarpo. Este templo no es un gran monumento de fama internacional, sino un testimonio pétreo de la fe y la vida de una comunidad pirenaica a lo largo de casi un milenio. Su valor reside precisamente en su capacidad para contar la historia a través de sus muros, que han sido testigos de sucesivas transformaciones arquitectónicas y sociales, reflejando la evolución del propio pueblo.
Para el visitante interesado en la historia y la arquitectura rural, la iglesia ofrece un relato fascinante. Sus orígenes se remontan al siglo XII, en pleno florecimiento del románico en la región. Aunque de esta primera etapa constructiva apenas quedan vestigios visibles, como parte de la portada original y algunos canecillos, estos elementos son suficientes para certificar su antigüedad y su pertenencia a esa corriente artística fundamental en el Alto Aragón. Curiosamente, algunos documentos sugieren que su advocación original pudo haber sido a San Felices, siendo concedida en 1025 por el rey Ramiro I al obispo de Sásave.
Una Arquitectura en Constante Evolución
Lejos de permanecer estancada en su forma original, la Parroquia de Araguás del Solano experimentó profundas reformas que alteraron significativamente su aspecto. El siglo XVI fue un período de gran actividad constructiva, marcado por la adición de su elemento más distintivo: una robusta torre campanario de planta cuadrada, erigida a los pies del templo. Esta torre, que un observador describió acertadamente por sus dos campanas, no solo cumplía una función litúrgica, sino que también actuaba como un símbolo de poder y un punto de referencia visual en el paisaje de La Solana. Su concepción inicial, con aspilleras aptas para armas de fuego, sugiere incluso una función defensiva en tiempos convulsos. Durante este siglo, también se incorporaron elementos del gótico tardío y renacentistas, como la balaustrada del coro, que muestra una interesante mezcla de estilos.
La transformación más radical, sin embargo, llegó en el siglo XVIII. Una profunda intervención finalizada en 1771, fecha que quedó grabada en la nueva portada, le confirió al templo el aspecto barroco que presenta en la actualidad. La nave fue cubierta con bóvedas de cañón y se añadieron capillas laterales, otorgándole a la planta una sutil forma de cruz latina. Esta reforma no solo modernizó el espacio para adaptarlo a los gustos de la época, sino que también demuestra la vitalidad de la comunidad, capaz de emprender obras de tal envergadura.
Tesoros Custodiados en su Interior
Aunque su exterior de mampostería pueda parecer austero, el interior de la iglesia alberga un patrimonio artístico considerable. El elemento más destacado es, sin duda, el retablo mayor, una obra barroca realizada en 1776 por el escultor local Juan Francisco de Ubalde y dedicada a San Policarpo. Además de este, el templo cuenta con otros cuatro retablos de interés. Entre ellos sobresale el de Santa Ana, ubicado en la capilla del Santo Cristo, una pieza del siglo XVI que combina pintura y escultura y que fue encargado en 1588 por Martín de Aynsa, un canónigo de la Catedral de Jaca originario de Araguás. Estos detalles artísticos revelan un interior cuidado y ricamente decorado, reflejo de la importancia del templo para sus feligreses a lo largo de la historia.
Lo Positivo y lo Negativo para el Visitante Actual
Visitar la Iglesia de San Policarpo es una experiencia que ofrece notables recompensas, pero también presenta ciertos desafíos que cualquier potencial visitante debe conocer.
Aspectos Favorables:
- Riqueza Histórica y Arquitectónica: Es un lugar ideal para quienes aprecian la historia del arte y la arquitectura en un entorno rural y auténtico. La superposición de estilos (románico, gótico, barroco) en un solo edificio es un libro abierto sobre la historia de la región.
- Entorno de Paz y Tranquilidad: Situada en un pueblo con una población muy reducida (alrededor de 35 habitantes en 2024), la iglesia ofrece un ambiente de serenidad, alejado de las multitudes turísticas. Es un espacio propicio para la contemplación y la reflexión.
- Entorno Paisajístico: Araguás del Solano, a 945 metros de altitud, funciona como una atalaya natural con vistas a la Val Ancha y a cumbres emblemáticas como la Peña Oroel, lo que añade un gran valor paisajístico a la visita.
- El Cementerio Adyacente: La presencia del cementerio junto a uno de sus muros, una característica común en las iglesias parroquiales históricas, añade una capa de profundidad a la visita, conectando el edificio con el ciclo vital de generaciones de habitantes del pueblo.
Desafíos a Considerar:
El principal inconveniente que enfrenta un visitante es la notable falta de información práctica y actualizada. Este es, en realidad, el aspecto más crítico.
- Dificultad para encontrar los Horarios de Misas: Este es el mayor obstáculo. No existe un calendario público y fiable de horarios de misas para esta iglesia. Al tratarse de una parroquia en un núcleo de población tan pequeño, es muy probable que el culto católico no sea regular o semanal. A menudo, un mismo sacerdote atiende varias localidades, por lo que las celebraciones pueden ser esporádicas, limitadas a festividades patronales (San Policarpo el 26 de enero o San Roque el 16 de agosto) o fines de semana alternos. Buscar en internet misas en Araguás del Solano será, con toda probabilidad, una tarea infructuosa.
- Acceso al Interior: Como consecuencia directa de lo anterior, la iglesia suele permanecer cerrada fuera de los actos litúrgicos. La posibilidad de encontrarla abierta de forma casual es extremadamente baja. Para aquellos cuyo principal interés es conocer su valioso interior, esto puede generar una gran frustración.
- Información de Contacto Inexistente: No hay un número de teléfono directo de la parroquia ni un correo electrónico de contacto fácil de localizar. La vía más plausible, aunque no garantizada, para obtener información sería contactar con la administración del Arciprestazgo de Jaca-Berdún o directamente con la Diócesis de Jaca, aunque obtener una respuesta específica para una iglesia tan pequeña puede ser complicado.
En definitiva, la Iglesia de San Policarpo es una joya del patrimonio rural aragonés, un lugar que recompensa con creces a quienes se acercan con interés por la historia y la tranquilidad. Sin embargo, no es un destino para una visita improvisada si el objetivo es asegurar el acceso a su interior o asistir a una misa. Quienes deseen hacerlo deben asumir una labor previa de investigación y, muy posiblemente, tener la suerte de coincidir con una de las escasas celebraciones. Es un lugar que exige paciencia, pero que ofrece a cambio un auténtico viaje en el tiempo.